Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

martes, 5 de octubre de 2021

El susto de los 500 pesos.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. De la serie Cuentos variados.  

El cuento de hoy, (que ocurrió como se los contaré) se encuentra en las páginas del libro “Estampas del Barrio” vivencias y fabulaciones, un tanto autobiográfico en preparación, historia de finales de la década del cincuenta del pasado siglo. Una de esas tardes, de esa época y en tiempo de mangos, acompañando a la señora, Aguedita, adolescente temprano el autor de esta historia

, en visita a su finca, y con la correspondiente jaba de mangos, regresamos al poblado, distante a media legua como escuchaba decir. — vamos, ya el sol está menos fuerte, cogemos la sombrita de los bien vestidos (árbol utilizado como cerca conocido como mata ratón. El callejón con frecuencia se convertía en el traslado de redes con destino a la pesa o acuartonar en el llamado embarcadero próximo al lugar.

La finca, de la que es dueña la señora de la tercera edad y protagonista se encontraba cercada con alambres de púas, estrechos como para impedir el escape de las pequeñas crías de cerditos. Los vaqueros tienen acostumbrados a los vecinos y a los transeúntes que viajan al conocido “entronque” al ajetreo de traslado de animales, las voces de ataja, cuidado, apártate son familiares al oído. La señora se cubre el cabello con un gran pañuelo y Pamela, y a recorrer el camino. No quiso que prepararan el quitrín. A mitad de camino se escuchaba el ladrido de perros, más allá de lo común, las voces de los vaqueros, por encima de lo frecuente, cada vez más intensos por la cercanía.

Llama la atención el tropelaje de las bestias y novillos galopando, las voces de ooohhhh más insistentes, ladridos de perros, presagios de algo anormal. Los monteros que persiguen al animal alertan a los caminantes, el grito aterrador de cuidadoooo!, orillenseeeeeeee!, cooooñoooooo!. No hay espacio para ceder al embravecido novillo, que deja escuchar el bramido muy cerca. La mujer a pesar de su avanzada edad y sin tiempo a meditar guiada por el impulso del susto de pronto se percata que se encuentra a más de cinco metros de altura entre los gajos del árbol de la cerca. El muchacho igualmente no supo ni cómo ni cuándo se encontraba en el interior de la finca y un pequeño rasguño en la camisa. Transcurrido unos breves minutos ya a la distancia se va reduciendo el ruido del espectáculo. — Bájate Aguedita, ya el toro pasó . —por dónde—,pregunta. —No sé, será por donde se subió. —Ahhh, que se yo, igual que tú te metiste entre pelo y pelo de alambres donde no cabe ni una gallina. —Dale, regresa a la casa y que traigan la escalera de la mata de atejes donde duermen las gallinas porque de lo contrario me agarra la noche acá arriba.

 Que susto, estoy temblando. Tres obreros de la finca, la escalera y un royo de soca fue necesario para el descenso de la mujer. Cuando llegue al poblado antes de llegar a la casa, llegaremos a casa de Polia (el apuntador de bolita). Todo lo que traigo en la cartera, me lo compro en chivichanas. Así lo hace. Esa tarde en el bar de Miguel, donde tiran la bolsita, el anunciador dice:..El 11, susto, y Aguedita coge 500 pesos, para compensar el susto. No regaló ni cinco centavos al muchacho para comprar un queque, alegando no permitir que se enviciara...!



lunes, 4 de octubre de 2021

De Beltrán sus ocurrencias. -

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. De la Serie Cuentos variados. 

No diré posiblemente, afirmaré que en toda la comarca, rica en tradiciones, de prolíferos escritores, de anécdotas y fabulaciones cargadas de humor sobre isleños, no ha existido alguna persona que supere las ocurrencias de Beltrán, pues su vida misma era una ocurrencia, de ello dan muestras quienes lo conocieron y sus hijas. Bien daría un libro, que no conozco si alguien ha escrito sobre sus jaranas, chistes y en sí, sanas y alegres ocurrencias. En el espacio de ayer traté dos de ellas, pues en cualquier lugar de este “lindo Cabaiguán” es muy fácil escuchar comentarios sobre sus cosas.

 Hoy les ofrezco de las tantas una que ha tenido decenas de versiones y por supuesto no faltan quienes hasta juran que conoció de ellas. Tenía una camioneta, la lleva a unos mecánicos amigos para una reparación, conocedores de sus locuras acondicionan un desecho volante ( timón ) y lo acondicionan al lado contrario del conductor. Ni más ni menos algunos ubican el hecho en la lo

ma del rio Zaza en el estrecho puente del Saltadero, familiares allegados lo refieren camino a Punta Diamante, por la carretera central, es posible ocurriría en ambos lugares.

Recoge una señora de cierta edad de botella, a poco andar inicia la conversación, para lo que era fácil, le muestra el timón que a la viajera le resulta extraño, ya apercibido de ello, le comenta: — señora, no se extrañe con ese timón, está ahí porque padezco de unas cosas que me dan y pierdo el control y no puedo manejar—.!no me diga, y le pasa frecuente?. Si, últimamente bastante, pero no se preocupe yo me doy cuenta cuando me va a pasar.—ahhhh bueno eso es diferente, porque eso debe ser del carajo!. —y cómo le empieza señor?.

—Mire, como una picazón en la cabeza, me da por rascarme, se me nubla la vista y así..—seguro usted para el carro enseguida que se siente algo. —no que va pa eso está el timón ahí, le aviso al acompañante y seguimos, por eso siempre recojo alguna persona. —No averigua primero si sabe manejar—? —no hombre no,! Imagínese usted si yo al montarla le pregunto eso.— tiene razón, es verdad.

La mujer comienza a hablar en voz baja. —Qué hace, usted habla sola?, — no hombre, no !, estoy rezando porque no le pase nada. El silencio en el transcurso del viaje, la mujer lo mira, le observa todos los movimientos no dice palabra.

Un pequeño giro, las manos a la cabeza, se rasca una y otra vez, la mujer comienza a sobresaltarse, toma la agarradera de la puerta, el le dice: no toque eso si la puerta se abre se caerá. De pronto, tome el timón, rápido que no veo, pero dele, maneje, maneje, hace como que va a soltar el del y le lleva la mano al otro timón. Pare, pare, yo me quedo aquí, hasta aquí yo venía. —dele, dele verá que sabe manejar. En medio de la tragedia al fin la vieja agarró el timón con las dos manos, el intencionadamente hacia algunos giros. Mire palante, siga, siga gracias a Dios que maneja bien. Va deteniendo la marcha, hace como que se recupera. — Espere a quedarse bien, ya me siento mejor manejando, es verdad que en caso de apuros pasa cualquier cosa.

En busca de hijos varones y jimaguas.

 Punto de vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. De la serie Cuentos variados.

 Por allá por los años 50 del pasado siglo, un señor tenía 5 hijas hembras y un pedazo de tierra para cultivar, necesitaba al menos un varón para cuando no pudiera trabajar la tierra. La mujer ya estaba negada a continuar pariendo. Un amigo le dice: mira yo conozco un isleño que de dos partos la mujer le parió cuatro varones y además en el sitio tenía una vaca que tenía dos terneros machos de una vez.

 —Tienes que decirme dónde es que vive ese semental, —le pide la dirección al hombre y a su busca. Pregunta por la sitiería, dónde es que vive el isleño que hace parir macho. Así busca y busca y le dicen, ese hombre tiene un sitio por el Purial o el Troncón. Hasta allá se fue, encuentra al hombre en la vega, con los brazos cargados con la hoja llenando un cuje. —Oiga amigo, cómo lo he buscado. —usted es el dueño de la vaca que parió jimagua y machos.—, pues que si compay, y además esos cuatro troncos de pichones de isleño, me los parió Anselma de dos veces. —por eso lo busco...—yo tengo 5 chicas de cinco partos y la vieja está negada a buscar un macho que necesito. Y que usted quiere. ? Le hago un negocio. Yo me quedo con su mujer una noche, y usted se va pa’ mi casa una semana y me preña la mía y resolvemos los dos. —El isleño deposita en el cuje, las recién cortadas hojas, se acerca al visitante: —Compadre, he visto gente depravada, pero más que usted hay que parirlo...!



Oye Beltrán, en la emisora local están convocando a un concurso “buscando el decimista y repentista de la noche”. — Allá voy, a inscribirme.—. Llegó la hora de la competencia, el hombre comienza a decir prosas jocosas, el ganador se elige por aplausos. Después los demás competidores, buenos todos, repentistas de calidad. Al fin Beltrán resulta ganador. Al día siguiente en sus trajines, llega a una casa en el campo. El dueño de lo conocía, la mujer no. —Señora, usted oye el programa de los poetas?. — los oía hasta ayer, que un loco, dijo una pila de boberías, y el muy descarao ganó. El hombre ríe a carcajadas. —mujer, que honor para nosotros aquí tenemos al ganador del concurso de ayer...Apenada la mujer se dirigió a la cocina y no salió a conocer al visitante...!

viernes, 1 de octubre de 2021

Carmela, la hipertensión y la mata de yuca de jardín.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. De la serie Cuentos Variados. Carmela, la hipertensión y la mata de yuca de jardín. En los primeros meses de la década del 70 del pasado siglo, un doctor incorporado al servicio médico rural llega a un poblado con una población deseosa de disponer de un policlínico con esa posibilidad. Por esos años próximo al lugar, funcionaban algunos centros de estudio de los conocidos como ESBEC y las hermanas “provisionales “, las que aportaban un considerado número de pacientes, en ocasiones hasta tres ómnibus escolares, con decenas de estudiantes “enfermos “, estoy seguro que algunos de los seguidores de esta página, viajaron con esta condición a la consulta y hacían que su brigada perdiera la emulación. Imagine usted un lugar con una población deseosa de verse con el médico y de pronto 30 o más enfermos, se formaba lo que se formaba , ahí la enfermera, organizaba y clasifica según la patología y síntomas, algunos se regaba y se dirigían al bar, panadería, refresquera o algo así. Los profesores encargados pastorean a los becarios y la enfermera mientras, va preparando las jeringuillas para el correspondiente ”dolor”, algunos dicen sentirse aliviados y con el pan con croquetas en la mano. En esos trámites el Dr de referencia, sale al portal y dar la orden de agrupar por tipo de dolencias...—los de catarro par aquí, los dolores para acá, los de vómitos y diarreas se me ponen aquí. Ahí extendía una receta colectiva que la enfermera del centro adquiría en la farmacia y recibía la indicación. En esa situación, Carmela se molestaba y se le subía la presión. Pero las dos situaciones se presentan día a día, y la señora vivía frente al centro de salud. Sólo cruzar la calle y ya en el banco de espera, a esperar su turno para que le tomen la presión. Ante la llegada de los ómnibus escolares, corría para que el médico la viera.

Frente a su casa, en un pequeño jardín, justo al borde del muro de entrada, una hermosa planta de adorno, muy parecida a una mata de yuca, recibía agua en la mañana y se veía lozana, muy verde y frondosa, aunque no muy alta. (No supe su nombre, el médico tampoco la conocía). Unos de esos días insistentes de Carmela, el galeno resuelve el problema. Mire, tengo para usted la solución, para la hipertensión. —Cómo doctor?, dónde hay que comprar la pastilla, la hay en la farmacia de aquí?, cuánto cuesta?. —nada Carmela nada—, no tiene ni que ir a ningún lugar, la solución está al alcance de la mano. —No me diga hijo!—exclama—. Pues sí, ahora mismo, pero ahora, de abajo para arriba, le arranca dos gajos a la “yuca de jardín”, esa del frente, se toma un jarro del cocimiento en la mañana y otra una hora antes de acostarse, cuando llegue al último tallo, va sembrando otra y olvídese de mí. Ni piense en que usted ha sido hipertensa...! Al mes de la verde, lozana y hermosa planta, solo queda el tallo principal, y pequeños gajitos secos. Carmela no fue más a la consulta. Preguntaba a los vecinos y conocidos, donde encontrar otra planta de yuca de jardín.

Otro de un colega del médico de la historia. Este un reconocido ortopédico. Años después de la cura de Carmela. La paciente sufre de un egipce, acude al médico de guardia y por la experiencia de la especialidad indica al técnico aplicar yeso en forma de una bota. A poco ya realizado el trabajo, la pregunta de rigor ante el eminente dolor por la lesión. —Dr. y para el dolor? — la respuesta no se hace esperar—, agua y ajo. Con la duda de cómo tomarlo. La indicación, no… no tiene que tomarse de ninguna forma, es aguanta y ajooodeeersee.

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