Punto de Vista. El tema de hoy. El tiempo está ahí, pero.
El tiempo, ese que se caracteriza por disímiles atributos podemos decir, del que los meteorólogos hacen su pronóstico para alertarnos de su estado y a partir de ahí tomar decisiones. Ese que para la vida cotidiana a veces no nos alcanza o del que debemos depender para cumplir un propósito, ese al que decimos buen tiempo o mal tiempo, ese que tantas veces nos sirve para justificarnos cuando no cumplimos alguna promesa.
El tiempo aunque no tangible está ahí, a nuestra disposición, nos acompaña a cada momento, pero, la realidad es que está determinado por los sentimientos, los míos, los suyo y los del otro.
Se trata de caracterizarlo de acuerdo a las circunstancias y estados de cada individuo, para ello lo ilustraremos de algunas de las maneras en las utilizadas.
Por ejemplo, si estamos aburridos o nostálgicos, nos parece muy largo.
Si es cuando esperamos, no se a usted pero a mí me parece lento.
Cuando nos agarra tarde para una cita, un turno médico, tomar un ómnibus, se nos va rápido.
Si estamos tristes, decimos que es mortal.
Si es cuando hay algún dolor, es interminable.
Cuando aparece un estado de felicidad, entonces es corto.
Y al estar enamorado, resulta hermoso.
Se ha dicho también que el tiempo es oro, comparado con algo de mucho valor, lo que realmente lo tiene, y respecto a los tipos de persona adopta otros adjetivos, como pueden ser, vamos a dejar eso para el tiempo, una actitud conformista, el tiempo es ahora, para el apurado, o de lo contrario, lo de menos es el tiempo que tenga que esperar, o sea un bien esperanzado.
Lo que sí es real es que al transcurrir el tiempo nos vamos poniendo viejos.