Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. Por los años finales de la década del 50 del pasado siglo, en un humilde poblado conocido como Paredes perteneciente al término municipal de Sancti Spíritus por entonces, y en el que se levanta desde finales de la colonia, una majestuosa construcción (para el pequeño y humilde poblado) de una iglesia católica. Y se construye una instalación más moderna para los feligreses que practican el culto a la religión protestante, Presbiteriana. Toda una novedad para emular con la anterior. La construcción se levanta en el solar que pertenecía al conocido y popular Leandrito, un bohío de tabla de palmas y techo de guano, con un jardín cubierto de rosas, azucenas, marpacifico y unas siempre florecidas flor de Pascua, la familia se dedicaba a la elaboración y venta del conocido y sabroso maní tostado y el padre de familia El Salvador del barrio recuperando zapatos con su milagrosa mano remendona. A solicitud del vecino inmediato y dueño del bar y billar vende el solar para levantar la moderna construcción.
La obra concluyó a inicios del 59, un local espacioso, no había en el poblado luz eléctrica y se habilita una planta eléctrica para oficiar cultos en la noche. En la inauguración participó el Reverendo Cecilio Arrastria, uno de los Pastores más reconocido en América acompañado de una representante del gremio en Philadelphia, a la que se le obsequió un taburete, de madera preciosa y forrado de cuero repujado con una dedicatoria a nombre de la iglesia paredeña, todo un acontecimiento cultural en el poblado.
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Reverendo Cecilio, foto de revista de la época. |
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EL autor y la hermana en la esquina del primer tacón de la iglesia en Paredes. |
La escuelita dominical, las actividades de verano y la colaboración distribuyendo los himnarios propiciaron las primeras ilusiones de adolescentes. Ya en desarrollo las actividades en la iglesia este propio autor fue elegido para dirigirse a los Estados Unidos a formarse como Pastor para oficiar en la iglesia, debía producirse en el próximo año. El final de la historia. En el año 61 viene la incorporación a la Campaña de Alfabetización, después los estudios el Plan de Becas en la Habana, regresando al barrio años después en visita familiar, buscando la iglesia al lado de la casona colonial de la familia, y encontré un organopónico que ofrecía verduras y vegetales a la población en el área que ocupó la sede religiosa. Cuánta nostalgia ante el cambio de uso del terreno, el que se multiplicó más recientemente al apreciar un solar yermo y recordar que en el subsuelo yace un mensaje al futuro que posiblemente no le llegue a ninguna generación de paredeños.
Solo un
milagro pudiera permitirse descubrir la referida cápsula, en manos de algún
creyente de Cuba o del extranjero que informe sobre ello a la Congregación Presbiteriana
a la que estoy disponible para intentar identificar la primera piedra que hace
más de 60 años deposite en la base de la primera columna a la derecha del
frente de la extinguida Iglesia.