Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. Él cuento de hoy. De la serie Cuentos variados. - Jueltala que no se cae. Ocurrió en el cuerpo de guardia del hospital. Así lo contó Beneranda la enfermera del turno. El isleño Juan Venancio llega al cuerpo de guardia aquejado de un fuerte dolor en el bajo vientre. Lo conducen al cirujano de guardia.
—Qué se
siente?. —No gracias no vengo a hacer visita.
—Digo…, que
tiene.
—Ahhh!, caraj,
si lo sabiera pa’ que iba a venir aquí, el doctor es el que puede saberlo . Le
indican subir a la camilla para el reconocimiento de rutina. -Mire señor, usted
vino solo?.
—No que va
venía como con cinco más en la ambulancia aparte del enfermero y el que maneja.
—Quiero
decir, de su familia, ahhh no, no le he avisado, ellos están en Canaria.
—Bien, no
se preocupe, aquí lo atendemos. El Dr. le indica a la enfermera rasurado total de
la zona de los genitales.
— Vaya con
la señorita. Y Beneranda le dice:
-Por favor
venga conmigo, lo voy a llevar al salón.
—Pero como
estoy, así de jodío como me va a invitarme a bailar. No abuelo, es para otra
cosa, pase para aquí. Le indica el saloncito de la enfermería. —Para ir
adelantando cierre la puerta, súbase ahí y quítese los pantalones.
—Aaahhhh!..
no, usted está loca. La mira asustado, con ese uniforme corto y cómo y algunas
lo usan sobre lo corto y semiabierto, aunque con la correspondiente Licra, ya
casi no se acordaba del dolor ante la hermosura de la “seño”. Guantes a las
manos, la cuchilla para afeitar y el paño verde para cubrir del ombligo hacia
arriba, y Juan Venancio recupera el fuerte dolor.
—Quieto
abuelo voy para usted. De un tirón, el paño al suelo.
—Que va me
voy, ni por na.
-Tranquilo va
a sentir una cosita que le raspa, pero sin miedo, tengo experiencia y hago esto
varias veces al día y a veces en las noches.
—Pues
venga, métale que me convencí.
La
enfermera le humedece el área indicada por el doctor, comienza el rasurado, del
ombligo hacia abajo, llega a los testiculares, toma el pene, estira para que
quede libre de vellos y comienza su trabajo. El hombre tranquilo como ella le
indicó, espera pacientemente y de pronto:...,
—Déjela enfermera,
jueltela que ya no se va a caaaeeer!