Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

jueves, 14 de octubre de 2021

- Jueltala que no se cae.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. Él cuento de hoy. De la serie Cuentos variados. - Jueltala que no se cae. Ocurrió en el cuerpo de guardia del hospital. Así lo contó Beneranda la enfermera del turno. El isleño Juan Venancio llega al cuerpo de guardia aquejado de un fuerte dolor en el bajo vientre. Lo conducen al cirujano de guardia.

—Qué se siente?. —No gracias no vengo a hacer visita.

—Digo…, que tiene.

—Ahhh!, caraj, si lo sabiera pa’ que iba a venir aquí, el doctor es el que puede saberlo . Le indican subir a la camilla para el reconocimiento de rutina. -Mire señor, usted vino solo?.

—No que va venía como con cinco más en la ambulancia aparte del enfermero y el que maneja.

—Quiero decir, de su familia, ahhh no, no le he avisado, ellos están en Canaria.

—Bien, no se preocupe, aquí lo atendemos. El Dr. le indica a la enfermera rasurado total de la zona de los genitales.

— Vaya con la señorita. Y Beneranda le dice:

-Por favor venga conmigo, lo voy a llevar al salón.

—Pero como estoy, así de jodío como me va a invitarme a bailar. No abuelo, es para otra cosa, pase para aquí. Le indica el saloncito de la enfermería. —Para ir adelantando cierre la puerta, súbase ahí y quítese los pantalones.

—Aaahhhh!.. no, usted está loca. La mira asustado, con ese uniforme corto y cómo y algunas lo usan sobre lo corto y semiabierto, aunque con la correspondiente Licra, ya casi no se acordaba del dolor ante la hermosura de la “seño”. Guantes a las manos, la cuchilla para afeitar y el paño verde para cubrir del ombligo hacia arriba, y Juan Venancio recupera el fuerte dolor.

—Quieto abuelo voy para usted. De un tirón, el paño al suelo.

—Que va me voy, ni por na.

-Tranquilo va a sentir una cosita que le raspa, pero sin miedo, tengo experiencia y hago esto varias veces al día y a veces en las noches.

—Pues venga, métale que me convencí.

La enfermera le humedece el área indicada por el doctor, comienza el rasurado, del ombligo hacia abajo, llega a los testiculares, toma el pene, estira para que quede libre de vellos y comienza su trabajo. El hombre tranquilo como ella le indicó, espera pacientemente y de pronto:...,

—Déjela enfermera, jueltela que ya no se va a caaaeeer!



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