Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

miércoles, 22 de febrero de 2023

Su tatarabuelo fue cirujano-barbero.

 Punto de Vista. El tema de hoy: El isleño Manuel cuenta que su tatarabuelo fue cirujano-barbero.

Recién saliendo de la barbería del barrio, le comenta su paisano Musiño, que no sabe, cómo calló en “la gata”, de pagar 100 pesos por el pelado, si le dijeron que Irán, también isleño pela por 20 pesos, y él en realidad tiene cabello por ambos lados y nada al centro de la cabeza. Ahí no caigo más.

Señal desaparecida de las barberías. Foto tomada de internet.


Cuenta que en sus ancestros, había un barbero que lo mismo sacaba una muela, que traía un isleñito al mundo. Sin dudas parecería absurdo, y por demás comprensible el asombro. Pero así fue en tiempos remotos. Un hombre que se ganaba el sustento por rasurar a otros podía solicitar un certificado de cirujano-barbero, lo que le garantizaba un estatus superior, en tanto le permitía curar heridas, atender partos y brindar auxilios parecidos, podía además practicar flebotomías ( punzar y sangrar venas )hasta hacer litotomías , (extraer cálculos de la vejiga). Esta fue prohibida más tarde de las facultades reconocidas. En algunos lugares, en Francia por ejemplo se les llamaba “cirujanos de batas cortas”. Debían ser aprobados por los cirujanos de “batas largas”. Para entonces la medicina no estaba tan desarrollada y la cirugía no había alcanzado mayor nivel hasta los siglos XVI y XVIII, por los grandes descubrimientos científicos.

El título de cirujano-barbero era el mismo para todos. Pero en algunas regiones de España existían regulaciones destinadas a procurar que las rudimentarias funciones sanitarias fueran ejercidas solamente por quienes “ponían tiendas” para sajar y no por los que lo hacían para afeitar. Cuenta Manuel que su recontra tatarabuelo no clasificó porque no pudo poner la tienda.

Sobre la experiencia española, se encuentra una curiosa descripción de las barberías andaluzas del siglo XIX. Para distinguirlas, sus puertas eran pintadas de verde o de azul claro, con franjas amarillas. El barbero además era guitarrista y coplero.

Otra fuente trata sobre la clásica barra cilíndrica de franjas blancas y azules, que identifica internacionalmente a la barbería, constituye una de las más antiguas formas de anuncio publicitario.

Entonces no por gusto, se ha reconocido en todos los rincones del país al barbero como el tipo más culto, el que más sabe, al que más se consulta, que disponía de una hemeroteca, diversa desde la revista Carteles, Bohemia y los conocidos “muñequitos”, les confieso que una de esas barberías tuve los primeros contactos con la literatura, y con la farándula de las páginas al respecto, en la edad de la adolescencia temprana.

Esa cultura lamentablemente está casi desaparecida como los dinosaurios, al igual que otras “cosas”, que tenían el surgimiento desde la época de los ancestros de Manuel y Musiño. Ahora en las barberías no se encuentra el clásico cilindro azul y blanco que las identifica, predominan en los portales de las viviendas, cuando se presenta un remolino de viento típico de esta época, usted se imagina. Ahora más que mantener la tradición de las barberías se trata de una triste tendencia con la explosión de los precios, donde hasta un pelado como el referido por el isleño Manuel, con solo algunos pelitos en ambos lados, tuvo que pagar 100 pesos y una madre con dos pequeñitos 200 pesos. Y sin ni siquiera una revista Zunzún para entretener a los pequeños.

—Mira Manuel—, te lo dije el otro día, no son buenas las comparaciones.

 

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