Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. Cuentos variados.
De muy joven y en
medio de personas que frecuentaban el bar y billar escuchaba una frase muy
repetida en diversas circunstancias que dice “de que los hay, los hay”. Vaya
frase ingenua. Utilizada en diferentes
obras literarias y géneros hoy les propongo un cuento sobre tal frase.
Se trata de
un ciudadano de un poblado de campo, que por todas sus características parecía
normal, en su andar, su mirada, la expresión, tono de voz y correctamente
pelado. Un miembro de la autoridad
observa al individuo y lo presume sospechoso— no es posible que ahora (década
del 50 del siglo pasado), nadie pueda aparecer tan normal y ni estar ocultando
o tramando algo. —ciudadano por favor su identificación—. Permítame otros
documentos. Nada anormal. Todo bien. Ese detalle llevó al olfato profesional del
policía a hacerlo más sospechoso. Pasado
el tiempo de la interrogación, se mostró inseguro.
—Este
oculta algo, y de nuevo a la revisión de documentos, buscando algún detalle,
pero no acierta con la causa. —Tendré
que dejar que siga su camino.
El hombre
se encontraba apurado porque tenía alguien que esperaba por él, y eso lo hacía
llegar tarde. En voz baja comenta: — de
que los hay los hay. —Eso es, pensó el
policía—. Yo sabía que no me engañaba.
—Acompáñeme
a la estación. Lo presentó al oficial de
guardia, lo que le escuchó lo hacía sospechoso. La frase lo demuestra. Levantan el acta y lo conducen al calabozo
hasta que todo se aclare. El sujeto
estaba intimidado, de forma imperceptible, repite:”de que los hay los hay”. El oficial de carpeta al escuchar la frase,
anota de nuevo en el atestado. Se
levantó un grueso atestado. Y en espera
del juicio.
Ya en el
Tribunal, el juez interroga, revisa códigos, causas y no encuentra algo que
tipifique los hechos.
“Así que
según usted, de que los hay los hay”. “Lo que hay es que encontrarlos, señor juez,
se le ocurrió contestar. No comprendía
la conducta y la respuesta del procesado, los elementos legales no aportaban causas,
el tribunal considera están ante un caso de peligro eminente, posiblemente
contrario al régimen. Es necesario
proteger al gobierno, contra actividades no contempladas en el entonces Código
Civil. De tal manera fue sancionado a 5
años de privación de libertad, por falta de otra cosa que aplicar. Terminada la sesión, el juez a la casa, como
siempre que celebra un juicio le comenta a la esposa sobre el caso. Ella una vez escuchado el relato, comenta,
“Que barbaridad viejo, de que los hay, los hay. . .