Hay quienes se acostumbran a vivir en dependencia, y no aspiran a buscar la autonomía para resolver sus problemas y se sienten en la zona de confort en tal estado, como escuché hace unos años, vegetar. En realidad no es otra cosa, se pudiera considerar como parasitar.
No es menos cierto que el camino a la independencia resulta complicado, no se trata de la independencia como idea abstracta inalcanzable, sino aquella que permita tomar decisiones sin sentir que están llevandóte o diría empujándote a personas, objetos o lugares donde no quieres ir
Lo más importante es estar conscientes de que existes, que estás bajo control y entonces podrás actuar,
En ocasiones ocurre que aparece un vínculo afectivo y surge un estado de dependencia emocional, lo hemos aprendido desde edades tempranas como un medio de subsistencia, y sentimos que nos ofrece seguridad, estabilidad y otras cosas. Sin embarque pretender que alguien cubre tu vacío o tus necesidades y depender de ello no te es ayuda alguna.
Sentir que en tu camino alguien tiene que conducirte es negativo, lo que no niega la importancia de la yuda a caminar, indicarte las vías, los peligros o riesgos, pero no evitartélos.
Por que no te preguntas si esa dependencia no te permite ser libre y avanzar. Si decides abandonar ese estado lo mejor es iniciar, seguir paso a paso, y como se dice por estos tiempos sin prisa pero sin pausa. Hacer cambios en la rutina diaria, no se debe esperar tener éxitos de forma inmediata, se requiere paciencia y algo de lo que ya se ha hablado, perseverancia, le digo sea compasivo con usted mismo y agradezca y celebre cada uno de los pequeños éxitos.
Sueltáte de lo que te ata a la dependencia, empieza por la mente. la que te llevará al fin del camino de la independencia, esa que en fin necesitamos para sentirnos libres.