Punto de
Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. De la serie Cuentos
Variados. —.
Allá por
los años 40 del pasado siglo, en un poblado rural un vecino comentaba sobre que
alguien del más allá se le presentó una madrugada cuando se dirigía mocha en
mano a los cortes de caña, única actividad posible para unos quilos como
sustento de la familia y le dijo:—Venancio, no trabajes más tú estás dotado de
algo especial, el espíritu del muerto que sale en la ceiba del solar de Cruz,
esa luz que te sale cada rato, es avisándote que estás destinado para ser el
curandero del poblado.
Ahí
mismitico—decía—, solté la mocha. —Cómo empezaría en el nuevo oficio, conocía a
Tarabico, que curaba los gusanos a los animales a distancia y le pide le enseñe
el “rezao” para comenzar.—Empecé por ahí, después aprende otras mañas, y empezó
a recetar yerbabuenas para cualquier cosa, así uno hoy, mañana rezao para
bueyes con bicho, y al fin atendía decenas de enfermedades. Resultaba frecuente
en el portal del bohío ver varias personas en busca de solución a sus
problemas. Ya de comunidades distantes llegaban buscando “al curandero”.
Algunas de
sus recetas; el empacho lo curaba con una toalla y yerba de Marilope, el
desgano con judío frito, dolor de cabeza o jaqueca, hojitas de salvia en cruz,
y si el problema es bronquial eso mismo pero en una taza con café hirviente,
los niños con lombrices la indicación era apasote y leche cruda. Se convirtió
en especialista en masajes para dolor de cintura, les ofrecía un beberaje y el
paciente salía ardiente, derecho como una vela pero al coger el sol lo mismo
que la vela. Comenzó el comentario de que el curandero era bueno en temas de
amores, se contaba de lo que era capaz. A todos los que acudieron con ese tema,
la receta consistía en; enterrar junto a una palma nueva uña foto y cabello de
la amada pretendida o que había abandonado al novio o esposo. Le aseguraba al
interesado que según la palma crecía de la misma forma crecería el amor. Cierto
día un paciente que con frecuencia buscaba ayuda para cualquier dolencia, le
dice:—Venancio, dicen que eres el caballo para el asunto de las mujeres, estoy
enamorado y me puedes ayudar, dime que tengo que hacer?.
—Pues si
que si, ya verás. Busca aunque sea un pelo de la muchacha, una foto, y donde
haya una palma nueva,.....!El interesado se las arregla y se hace de un cabello
de la mujer, pidió un álbum de fotos de la familia del curandero y le sustrajo
un retrato, pelo y foto junto a la palma como había indicado, volvió con dolor de
cintura, otro día empacho, ofrecía ayuda a la esposa de Venancio que tantos
clientes tenía a todas horas que terminaba extenuado, ya no podía atender sus
asuntos. La palma ahí, protegiendo el enterramiento, y el enamorado no perdía
oportunidad. Un buen día la mujer del curandero se fue al pueblo de compras,
sin la palma haber crecido, la receta fue efectiva, el paciente enamorado se
quedó con la mujer de Venancio... El curandero decía: como decía Margollo, soy
el caballo en temas de amores...!