Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

domingo, 31 de octubre de 2021

La sorpresa de Venancio el “curandero”.

 

Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. De la serie Cuentos Variados. —.

 La sorpresa de Venancio el “curandero”.

Allá por los años 40 del pasado siglo, en un poblado rural un vecino comentaba sobre que alguien del más allá se le presentó una madrugada cuando se dirigía mocha en mano a los cortes de caña, única actividad posible para unos quilos como sustento de la familia y le dijo:—Venancio, no trabajes más tú estás dotado de algo especial, el espíritu del muerto que sale en la ceiba del solar de Cruz, esa luz que te sale cada rato, es avisándote que estás destinado para ser el curandero del poblado.

Ahí mismitico—decía—, solté la mocha. —Cómo empezaría en el nuevo oficio, conocía a Tarabico, que curaba los gusanos a los animales a distancia y le pide le enseñe el “rezao” para comenzar.—Empecé por ahí, después aprende otras mañas, y empezó a recetar yerbabuenas para cualquier cosa, así uno hoy, mañana rezao para bueyes con bicho, y al fin atendía decenas de enfermedades. Resultaba frecuente en el portal del bohío ver varias personas en busca de solución a sus problemas. Ya de comunidades distantes llegaban buscando “al curandero”.

Algunas de sus recetas; el empacho lo curaba con una toalla y yerba de Marilope, el desgano con judío frito, dolor de cabeza o jaqueca, hojitas de salvia en cruz, y si el problema es bronquial eso mismo pero en una taza con café hirviente, los niños con lombrices la indicación era apasote y leche cruda. Se convirtió en especialista en masajes para dolor de cintura, les ofrecía un beberaje y el paciente salía ardiente, derecho como una vela pero al coger el sol lo mismo que la vela. Comenzó el comentario de que el curandero era bueno en temas de amores, se contaba de lo que era capaz. A todos los que acudieron con ese tema, la receta consistía en; enterrar junto a una palma nueva uña foto y cabello de la amada pretendida o que había abandonado al novio o esposo. Le aseguraba al interesado que según la palma crecía de la misma forma crecería el amor. Cierto día un paciente que con frecuencia buscaba ayuda para cualquier dolencia, le dice:—Venancio, dicen que eres el caballo para el asunto de las mujeres, estoy enamorado y me puedes ayudar, dime que tengo que hacer?.

—Pues si que si, ya verás. Busca aunque sea un pelo de la muchacha, una foto, y donde haya una palma nueva,.....!El interesado se las arregla y se hace de un cabello de la mujer, pidió un álbum de fotos de la familia del curandero y le sustrajo un retrato, pelo y foto junto a la palma como había indicado, volvió con dolor de cintura, otro día empacho, ofrecía ayuda a la esposa de Venancio que tantos clientes tenía a todas horas que terminaba extenuado, ya no podía atender sus asuntos. La palma ahí, protegiendo el enterramiento, y el enamorado no perdía oportunidad. Un buen día la mujer del curandero se fue al pueblo de compras, sin la palma haber crecido, la receta fue efectiva, el paciente enamorado se quedó con la mujer de Venancio... El curandero decía: como decía Margollo, soy el caballo en temas de amores...!

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