Punto de Vista. El tema de hoy. A todos nos gusta triunfar.
Cuanto de bien nos sentimos cuando alcanzamos un triunfo, puede ser nuestro, de un familiar, un amigo y hasta de alguien a quien hemos ayudado o representado en una controversia, pero además cuando al equipo al que somos aficionados gana un juego o una serie.
El sentimiento por haber superado obstáculos aumenta nuestra autoestima si el logro es nuestro o al grupo que pertenecemos más lo disfrutamos. El ánimo nos acompaña por algunos días y luego lentamente nos llega la conformidad hasta el nuevo impulso hacia otro éxito.
Es nuestra responsabilidad incluir en la celebración a quienes contribuyeron o formaron parte del proyecto inicial y el curso del desarrollo.
Es positiva la energía que se genera y el placer para quienes fueron participes de de la acciones.
El momento del triunfo y los éxitos es propio para mostrarse generoso, compasivo, agradecido y no sobrevalorar nuestras posibilidades. A veces llegamos a pensar que es un estado ideal, y los demás desean estar en la piel o el lugar del triunfador, pero en verdad no siempre todo es lo que parece.
Una vez pasados los momentos propios de la celebración entonces debemos pensar cuánto esfuerzo, dedicación y tropiezos ha sido necesario enfrentar, tener conciencia sobre el valor del triunfo. Cuál será el precio a pagar por repetir los resultados.
Detrás del éxito entre otras cuestiones está presente, separación de la familia, alejarse del lugar de origen, alejarse de la zona de confort, para ser alguien. En medio de la euforia por el éxito no sobra preguntarse, tiene sentido ese esfuerzo.
Se debe evitar lo que no sea propósito en la vida, no tendría sentido. Lo más sensato será pensar lo que significa buscar y lograr el éxito en un proyecto donde lo ‘’invertido’’ sea mayor que la recompensa de celebrar el triunfo.