Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

martes, 31 de agosto de 2021

El cuento de hoy. De la Historia espirituana.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. De nuevo le comento un tema del territorio espirituano, el hecho ocurre a finales del siglo XIX, si es que no lo sabía precisamente en 1897 el célebre Valeriano Weyler, se encontraba en Sancti Spiritus en la etapa de la llamada Reconcentración, como Capitán General. El Presbítero Pablo Tomas Noya Minguez, ejemplo de ciudadano y de cubano es mandado a detener por confidente y simpatizante de los insurrectos. El edecán anuncia la presencia del Padre; se cuenta que desde el baño y semidesnudo la grotesca figura del militar ordena:

—Dile al Cura que pase.

—Sabe para qué lo mandé a buscar?.

—No, excelencia.

—Tengo entendido que Ud mantiene relaciones con los enemigos de España.

 —Soy cubano, cumplo con mi deber, nunca me ha avergonzado de mis actos. La voz prepotente y autoritaria de Valeriano resonó para asustar al comprometido sacerdote y violar las normas de la iglesia a su antojo.

—A las tres de la tarde de hoy estaré en el templo, Ud me recibirá bajo palio y hará sonar las campanas en mi honor.

— Ud sabe que solamente se recibe bajo palio al sacramento y dignidades. Yo no estoy de acuerdo con su tratamiento. La firmeza del humilde religioso asombró al Capitán General, quien se cuidó de no atropellarlo porque conocía el prestigio y reconocimiento de los espirituanos por tan noble Padre. Contaban los vecinos de la época y después los descendientes, que el Cura recorría a pie la ciudad, visitaba enfermos, presos y gente humilde a quienes socorría. La ciudad que lo vio nacer le tributó en sus funerales una demostración de duelo, recordada por años. En las páginas de la historia espirituana consta que rechazó humildemente la dignidad eclesiástica de Obispo, para continuar ejerciendo su ministerio en desacuerdo con la burguesía y el clero.

Nota: palio, amplio manto griego copiado por los romanos. Dosel portátil con que se cubría al recibir dignidades importantes. Fuente: documentos del Archivo provincial consultado por el autor.

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