Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy. De nuevo le comento un tema del territorio espirituano, el hecho ocurre a finales del siglo XIX, si es que no lo sabía precisamente en 1897 el célebre Valeriano Weyler, se encontraba en Sancti Spiritus en la etapa de la llamada Reconcentración, como Capitán General. El Presbítero Pablo Tomas Noya Minguez, ejemplo de ciudadano y de cubano es mandado a detener por confidente y simpatizante de los insurrectos. El edecán anuncia la presencia del Padre; se cuenta que desde el baño y semidesnudo la grotesca figura del militar ordena:
—Dile al
Cura que pase.
—Sabe para
qué lo mandé a buscar?.
—No,
excelencia.
—Tengo
entendido que Ud mantiene relaciones con los enemigos de España.
—Soy cubano, cumplo con mi deber, nunca me ha
avergonzado de mis actos. La voz prepotente y autoritaria de Valeriano resonó
para asustar al comprometido sacerdote y violar las normas de la iglesia a su
antojo.
—A las tres
de la tarde de hoy estaré en el templo, Ud me recibirá bajo palio y hará sonar
las campanas en mi honor.
— Ud sabe
que solamente se recibe bajo palio al sacramento y dignidades. Yo no estoy de
acuerdo con su tratamiento. La firmeza del humilde religioso asombró al Capitán
General, quien se cuidó de no atropellarlo porque conocía el prestigio y
reconocimiento de los espirituanos por tan noble Padre. Contaban los vecinos de
la época y después los descendientes, que el Cura recorría a pie la ciudad,
visitaba enfermos, presos y gente humilde a quienes socorría. La ciudad que lo
vio nacer le tributó en sus funerales una demostración de duelo, recordada por
años. En las páginas de la historia espirituana consta que rechazó humildemente
la dignidad eclesiástica de Obispo, para continuar ejerciendo su ministerio en
desacuerdo con la burguesía y el clero.
Nota:
palio, amplio manto griego copiado por los romanos. Dosel portátil con que se
cubría al recibir dignidades importantes. Fuente: documentos del Archivo
provincial consultado por el autor.