Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

martes, 19 de octubre de 2021

No me digas ahora que te llamas Eligio y te convertiste en taxista.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse .El cuento de hoy. De la serie Cuentos Variados. -

 El auto se desliza suavemente por la bajada próxima a una parada de ómnibus a unos metros de la estación de ferrocarril, el sol aún no ha disipado la niebla de la mañana frecuente en el área. Una mujer insistente con el brazo extendido con el propósito de que el vehículo se detenga, el conductor viaja solo, se detiene y mira hacia el interior de la parada y aprecia algunos bultos. La persona se acerca a la ventanilla y —compañero va lejos?, no, que le ocurre—, nada estoy desde la madrugada aquí y ni las guaguas de transporte me han parado, pero doy gracias a Dios que alguien se conduele. —Los bultos son suyos, o viene acompañada— Son míos. Al instante el conductor del vehículo baja y comienza a organizarlos en el maletero. —Ay…! Gracias, después de tanta espera. —No se preocupe. La mujer comienza a organizar el cabello, se ve cansada, agitada, soñolienta.

—Llegó en el espirituano desde la Habana?.—No, en el Manzanillero desde Bayamo..!, que noche, en ese tren sin luz en el coche, y sin pestañear porque te dejan sin nada y un calor sofocante. —Mire, de momento llego hasta ahí alante, la dejo en la parada y si no se ha ido la recojo....! Ay compañero, si a usted no le molesta y no le causo problemas yo puedo esperar. —No, por nada, (pone música), descanse y eche un sueño. —Bien que me viene—.

Justo donde se parquea el auto, un jardín, y un mar pacifico muestra sus flores, rojas y frescas del amanecer. Ya el hombre ha terminado su gestión, toma una flor recién abierta, la mujer dormita. —Joven, ya continuamos, póngase esta flor en ese pelo negro, le quedará bien, porque mire, se me parece a la Gitana Tropical, de Víctor Manuel , cualquiera diría que usted le sirvió de modelo. —Por favor no me digas eso, en estas condiciones que vengo.— no se preocupe . —Dígame Lucía, ese es mi nombre. —Lucía dice usted, si es así, como sería, porque se ve bien. —y usted debe llamarse Elogio—

Continúa el viaje y—Quien me iba a decir que Dios sabe, porque no me paró otro carro antes, porque lo destinó para aliviar mi problema. —viene de paseo?. Ya quisiera, vengo de retorno, y con el alma partida. —Qué lástima no sea soldador. —Mire, le digo más, yo soy de aquí, parece que tomé un camino equivocado, fui a vivir a Oriente casada con un hombre de allá, pero no funcionó y regreso. Estas horas de viaje y las circunstancias me han hecho pensar en lo injusto de los hombres y solo en breve tiempo he cambiado de opinión. Hay excepciones...!, me imagino que su esposa no ha de pensar como yo antes de este momento. Por unos segundos se interrumpió el diálogo, solo se escuchan las notas musicales.

Sabe qué pasa, como dice mi abuela, los perros de raza tienen dueños...!

El hombre no ha vuelto a hacer comentarios, ha tratado de hacer que la atormentada mujer alivie su dolor.

Ya próximo a la ciudad, — compañero, usted continúa viaje, para que me deje ahí en la otra esquina, en la circunvalación. —Fíjese, que coincidencia voy por ahí. —Mi Dios, como me has escuchado. —Es religiosa?,—no creyente. — Y usted pastor de iglesia?.—Debe ser un excelente predicador o psiquiatra. —Mire mis padres viven ahí, indica a unos metros de la vía. Llegue para que tome un café, y puro. —Gracias, descanse y recupérese, la fruta no termina en la cáscara. —Ahhhh no, disculpe, permítame preguntar, primero cuánto le debo?, nada , el viaje está pagado. —No lo crea, esa deuda está pendiente y la pagaré...!, no me va a decir su nombre y dónde se puede localizar. —Si me puso Elogio, dígame entonces Eligio —Bien Eligio, su número de teléfono, no se preocupe, no pienso importunarte. El hombre queda pensativo. —Bien Lucía, aunque le repito luce muy bien ahora, dígame su santo y seña, — el nombre lo sabe, el oficio profesora de Pre, estudio el cuarto año de la licenciatura en Humanidades, me fui de aquí en 2do año, me traslado para acá, mañana mismo voy a la Universidad para no perder el encuentro. —Ay mi madre...!

La mujer le pide de favor que le acepte un beso, porque el contraste entre la primera parte del regreso y el final fue de novela. —Mire Eligio si un día desea tomar café o servirle en algo, sabe donde vivo, donde trabajaré se lo diré después y los miércoles alternos estoy en la Universidad. Chao, nos vemos.

 Eligio, quien no es quien dice ser, no intentó volver a ver a Lucía. Ella por su parte ya incorporada a su antiguo grupo. Recibe la bienvenida de sus compañeras de clase. Conversan animadamente, en el parque del centro se interesan por su estancia en Oriente, la causa de su retorno, el viaje y sus aspiraciones. Aparece Eligio en la escena, tenía dudas sobre el final del viaje, no era como en el transcurso del recorrido desde la parada del ferrocarril. Pero en fin, habla de ello, comenta que Eligio puede no ser su nombre real, sino causa del que surge por ella decirle Elogio por su comportamiento en el trayecto.

—Una de las compañeras, le dice: Lucí, como dicen en Tras las huellas, puedes hacer un retrato hablado de Eligio. —Si mi amiga, lo fiché bien, y pasa a describirlo en detalles, me llama la atención su caballerosidad, su cultura, debe trabajar en ese sector o alguien allegado, me comparó con la Gitana Tropical y su autor, me refirió citas de autores importantes, para consolarme dijo, “que la fruta no termina en la cascara” y así, conservo como reliquia una flor roja de mar pacifico que me regaló para poner en el pelo.

La compañera que interrogó quedó en silencio. Otra del grupo comentó: —Y no vas a luchar a Eligio?. —puedes describir el auto— si en eso me fijé porque al final lo vi esquivo. Y detalla todos los elementos. —Algo más mi amiga?.

— No...!, suficiente pura curiosidad. —Dime si lo conoces y tírame un cabito, que ahora tengo que empezar de nuevo, aunque a decir verdad comenté una frase de abuela que dice: ...”perro de raza tienen dueño “.... — Que chiquito es el mundo, mira que pronto encontraste la dueña del perro...! No se llama Eligio, lo de Elogio te lo acepto, porque entre otras cosas por eso me conquisto...!

Al concluir el encuentro, la esposa del caballeroso, llega a la casa. Espera al esposo, cariñoso como siempre: —Dime Eligio, cambiaste de trabajo?...—ahora eres taxista?

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