Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

lunes, 7 de febrero de 2022

Curioseando, algo de historia y hasta las palabras cambian. -

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. Curioseando, algo de historia y hasta las palabras cambian. -

Yo como norma, como papa me alimento y cuido mi salud. Yo, como Norma, como papá, me alimento y cuido mi salud.

Como ven con el uso de las comas y la mayúscula las palabras cambian.

De la risa y la sonrisa te cuento: Estudiosos de este don natural sugieren que la mayoría de las risas cotidianas no son provocadas por chistes, sino que ocurren de manera espontánea. Se puede apreciar qué hay personas que hasta con un saludo ríen y en asuntos serios dejan escapar alguna que otra risa. Según los estudios, usted el otro y yo podemos sonreír unas 40 veces más que quien nos escucha. Casi ninguna persona logra sostener una conversación por seria que sea sin sonreír de vez en cuando. Ya vio que sí.

 Comience el día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo. - -No sé si conoce el mito del héroe?

Para muchos varones someterse a situaciones de riesgo puede definir la manera en que entiende qué es ser hombre, sobre todo adolescentes y jóvenes. Investigaciones al respecto reconocen la tendencia a exponerse a sucesos peligrosos con el fin de validar su “hombría”. Lo que se ha dado en llamar “mito del héroe”. - Ídolos de la moda.

Desde la Antigüedad en Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma, el cabello era considerado un símbolo de estatus de una persona y de virilidad o feminidad de los sujetos. De tal modo, peinados, arreglos y accesorios daban cuenta de la posición social, de ahí que en ocasiones se utilizaran pelucas, para cubrir caídas por diferentes causas. En: en Roma, el peinado de Augusto (27 a.n.e—14 de n.e) se reprodujo entre los romanos. Se trataba de un peinado aparentemente desordenado con mechones en la frente. Fue por el rey franco Pipino el Breve (715–768), en la Edad Media que se implantó la moda de los cabellos cortos. Para las damas los cabellos resultaban de mayor cuidado. Entre una cultura y otra combinaban los peinados, recogidos, sueltos, con raya al medio en dependencia de la época. Fue en época de Isabel I de Inglaterra que la moda se inclinó por peinados de rizos voluminosos. Ella estandarizó el uso de cabellos rojos por ser el color del suyo.

En la actualidad las culturas establecen los estilos, se transforman por las tendencias, las técnicas y los cosméticos. Finalmente tener una correcta y atractiva presencia requiere de esfuerzo y también buen gusto. Dejarse arrastrar por lo “último de la moda “, no siempre es lo mejor para mostrar un atractivo aspecto. De modo que las palabras, el viento, el tiempo, la moda cambia con pelucas o sin ellas. Ya lo dice un estribillo de una popular y profética canción del popular dúo Los Compadres, allá por la década de los 60-70, del pasado siglo: “Como cambian los tiempos Venancio. !Qué te parece!..

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