Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. Para ustedes que han seguido las crónicas sobre el poblado de Paredes, les cuento sobre las fiestas populares más importantes en la Villa espirituana en las primeras centurias de la Colonia. Se trata de la Semana Santa o Pascua Florida y el Santiago, solo permaneció este último, En los días de la semana mayor—Semana Santa— se conmemoraba la crucifixión del fundador del cristianismo con varias procesiones, desfilando los dignatarios religiosos, políticos y militares y los feligreses que vestían costosas prendas y trajes, en las manos una olorosa vela encendida de cera, detrás el pueblo que en medio de la ignorancia de la época portaba velas de cebo, alabando distintas imágenes y algunos cargando pesadas cruces, otros pagan promesas caminando con pies descalzos o de rodillas. Las procesiones de Semana Santa tenían carácter racial muy definido. La del lunes santo, era dedicada a la oración del huerto, era sacada por los pardos y mulatos desde la Iglesia de la Caridad; la del martes, con el Cristo de la Humildad y Paciencia la organizaban los morenos y la del miércoles, específicamente de blancos, se permitía que al final de la misma desfilaran todos. En el resto de la semana eran frecuentes otras procesiones, entre ellas las del Santo Entierro. Las ceremonias comenzaban el domingo de Ramos y terminaban el domingo de la Resurrección con grandes festejos populares. La fiesta de Corpus Christi ofrecía todo un acontecimiento: la salida de decenas de esclavos con sus diablitos. Estos festejos tenían gran atractivo para el pueblo, tanto que con el decursar del tiempo las demás festividades desaparecieron y esta se integró al Santiago. Los diablitos ejecutaban rítmicas contorsiones y movimientos voluptuosos al compás de los tambores en espera de la salida de la procesión. Recorrían las calles durante el día, entraban en algunas casas y bailaban el “baile de los diablitos”. Curioso, los blancos aparentaban despreciar aquel ritmo, pero detrás de las puertas movían los pies al compás de la contagiosa música. Para las primeras décadas del siglo XX tanto en Sancti Spíritus y en sus poblados la tradición con algunas modificaciones y sin carácter racial se mantuvo, paralizada en la segunda década del mismo siglo, con aires de renacer como digna tradición popular de fe y unidad del barrio. Por hoy esta página con el recuerdo de una época.