Punto de Vista. El tema de hoy. Curiosidad y enseñanzas de nuestros campos.
La persona que anda o cabalga por los caminos y trillos de nuestros campos puede esperar que surja del silencio el graznido del prieto pájaro conocido como judío y el chillar del curioso frailecillo.
No tardará en oírlo y verlo de cerca, ahí está el judío, judío, judío y el chillar de la avecilla, invitando al intruso a seguirlos, uno se detiene en los arbustos y el otro a saltitos continuos esperan para seguir marcando el camino, hasta donde consideran no hay peligro potencial para sus congéneres, sus nidos y pichones que protegen a través de esa natural estrategia y que el hombre no podrá encontrar en la dirección que viajan.
Como medio para preservar la especie en el lado contrario, se encuentra la descendencia. El transeúnte a su paso se percata de que los vuelos a intervalos se acaban y los sonidos se acaban mas lejos en el medio del sendero.
Con el avance de la persona vuelve a conmoverse el silencio y a su paso se repite la escena. A qué se debe esa misteriosa compañía. Por qué esperan la cercanía del hombre para detenerlo o entretenerlo con la algarabía. Se alejan, esperan tornan a posarse y vuelven a esperar y desesperar.
El abuelo decía, esos pájaros son chismosos, descubren a quiénes andan. Sin una explicación clara de tal comportamiento, el que presencié infinidad de veces en la fase de aprestamiento para el futuro maneo de la finca y en tránsito por los campos durante la adolescencia.
Los campesinos que han compartido sus vidas con estas avecillas enigmáticas saben la causa de este comportamiento de judíos y frailecillos.
Es la historia de una estrategia natural, de quienes tratan de engañarte o entretenerte con la ruta o dirección contraria a sus verdaderos objetivos.
Entonces graznidos de judíos y saltillos de frailecillos ante la presencia del que consideran enemigos alertan, y demuestran que si no puedes convencer, confunde y protege a los tuyos.