Punto de Vista. Reconocer no es conformarse.
“Las dos
ciudades”.
Conociendo
uno de los seguidores de estas páginas, la alguna experiencia pedagógica al
impartir la asignatura Teoría Sociopolítica, me ha pedido que le comente sobre
“Las dos ciudades”, un tema de Teoría y Procesos Políticos Contemporáneos. Ahí
vamos. - La tradición estoica de que el hombre es miembro de dos Repúblicas, su
propia comunidad y la comunidad universal, constituirá la base de la concepción
cristiana del Estado y la política. Aparece de nuevo la ciudadanía universal,
pero en este caso estructurada políticamente en la Iglesia.
En el libro
“La ciudad de Dios”, Agustín de Hipona expone la tesis de que el hombre es
ciudadano de la ciudad de su nacimiento y la ciudad de Dios. Pero lo más
importante en función de nuestro objetivo es la idea de igualdad de las
personas, aunque sea en el nivel celestial, pero que será mantenida hasta que
pueda tomar carta política. De la misma forma, con la relación entre la ciudad
de Dios y la organización eclesiástica quedaba asegurada su primacía frente a
cualquier poder terreno. Tomás de Aquino, sin dejar de lado la supremacía de la
Iglesia frente al poder terrenal y siguiendo a Aristóteles, concibe al hombre
como un ser social por naturaleza y la sociedad responde al hecho de que sólo
en comunidad podemos alcanzar la “vida buena”. De ahí que el poder político sea
sólo un instrumento divino para la “feliz ordenación de la vida humana”. Por
otra parte Santo Tomás sostiene que la soberanía política, procede de Dios,
pero esta es dada al pueblo como un todo y delegada por este al gobernante; de
forma que “el gobernante posee poder legislativo en la medida en que representa
al pueblo”. Entonces la política no se ocupa ya de las relaciones morales de la
vida, esto es, de las condiciones que debe reunir el orden social para que el
hombre alcance su fin último, sino de la posibilidad del orden social mismo. Espero
haber complacido la solicitud y contribuir un poco al conocimiento sobre el
tema.