Punto de Vista. Reconocer no es Conformarse. El tema de hoy: La voluntad de la mujer.
- Se
cuenta que 11 personas 10 hombres y 1 mujer colgaban de una cuerda que caía de
un helicóptero. Deciden que alguien debía sacrificarse, tendría que soltarse
porque de lo contrario la cuerda se quebraría y todos morirían. No se ponían de
acuerdo en quién sería la persona que debía soltarse. Finalmente la mujer ante
la inminente situación da un discurso en realidad muy conmovedora, de cómo ella
iba a dar su vida por salvar a los demás porque las mujeres están acostumbradas
a ponerse a un lado por el bien de sus esposos e hijos, cediendo ante los
hombres sin recibir nada a cambio.
Termina de
hablar y todos los hombres conmovidos comienzan a aplaudir... no subestimes el
poder de la mujer.
Otra de
mujer: —El hombre espera en información del hospital a que la mujer dé a luz.
Inquieto, preocupado; como nos ha pasado a quienes somos padres. Cuando sale el
médico le dice: —han sido quíntuples.
—Es verdad
que soy un cañón...! exclama con orgullo.
—Mire a ver
si lo limpia señor, porque han salido negritos. –
Así de
intrépida. El hombre con el sudor del rudo trabajo en el campo ha ahorrado unos
pesos y no quiere continuar en esa tarea.
—Mujer, no
voy a seguir en el campo, con los ahorros vamos a poner un negocio, compraré un
carrito de vender helados en barquillos, damos vuelta por el pueblo y vemos
cómo nos va.
—Está bien
viejo, cuenta conmigo. Dicho esto, el equipamiento y el carrito se encuentran
listos. El día del estreno el hombre acomoda los pies en un tenis cómodos para
los pies, bolso para el dinero a la cintura, barquillos y diferentes sabores de
helado. Transcurre el día, ya casi cuando el sol declina aparece el hombre a la
casa, parquea el carrito, viene cansado y no muy contento.
—Cómo te
fue?. No me digas na’, mira, el helado derretido y la bolsa de dinero vacía.
Esto no da. Tranquilo mi amor, no te desesperes, mañana salgo yo. Así lo hace.
Temprano al recorrido. Regresa eufórica, alegre, satisfecha. Parquea el
carrito, tira a la mesa el bolso del dinero, lleno de pesos. Asombrado el
esposo dice: —mi amor, cuánto dinero, tú si sirves para eso. Pero dime, hiciste
todo eso de’lado. No viejo de, lado solamente no, de frente, boca arriba, boca
abajo, de todas las posiciones...
De
adolescente cuando mi abuelo, me entrenaba, como he escrito en otras ocasiones,
como heredero de los negocios y buscara mi pareja, me dice: hijo, pronto
encontrarás una muchacha que será tu mujer, entonces te llegará tres cosas sin
pedir. El amor, los celos y el miedo. Así que sabes prepárate para eso. Pensé
en eso y escribí tres cartas en versos dirigidas a ellos:
Amor, qué
bueno, llegaste. Sin estar por ti esperando,
Te recibo y
te prometo, estar por siempre a tu lado. Celos, tu absurda presencia, no
necesito a mi lado,
sin ti me
siento alabado. Y muy feliz mi conciencia.
Miedo, de
ti me despido,
la
confianza recobré,
me encontré
con la esperanza,
la
seguridad y la fe.
De ti, no
quiero saber, nunca me vas a encontrar,
para qué
quiero tener, lo que nada me va a dar.