Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

lunes, 12 de junio de 2023

La atención no se pide, se provoca.

Punto de Vista. El tema de hoy: La atención no se pide, se provoca. 

Por experiencias en la docencia en casi todos los niveles de enseñanza, les demuestro la propuesta. 

Señal tomada de internet.

—En determinados niveles de enseñanza, la demanda por los docentes a pedir “atención”, resulta a veces compleja y se manifiestan alteraciones de ambas partes, cuestionamientos, amenazas, intervención de directivos, citas a padres y las mil y una intención para neutralizar la “falta de control”, no digo la indisciplina. Entre estos puedo señalar: Los Cursos de Superación Integral para Jóvenes,(estudio como empleo), Trabajadores Sociales, Maestros emergentes y Algunas especialidades de la enseñanza politécnica, no sin despreciar algunas manifestaciones en la educación superior. 

—Muy temprano en enfrentar la experiencia y no tener que utilizar: “atiendan por favor”, con personas de edad avanzada y sin elementos didácticos durante la Campaña de Alfabetización, donde razones de condiciones del lugar, composición del colectivo con personas que desde horas muy tempranas realizan trabajos agotadores, distancia a recorrer y en momentos no tan buena iluminación propiciaban desvíos de atención por diferentes causas. El primer reto. En la enseñanza primaria rural, en un aula multi-grados, es superior el esfuerzo, para no pasarse el tiempo, con la consabida frase, que ahora si escucho con cierta frecuencia y en las que toma el mando la falta de control. Intencionadamente en cada circunstancia acudí a variantes para lograr la atención del grupo, no deseaba rogar o pedir de favor que atendieran para mi significaba que poco les interesaría mí trabajo y no merecía el respeto. Por supuesto estaban presentes en ocasiones diversidad de procedencias, bajo desempeño intelectual, alguna que otra manifestación de alumnos creídos de cosas o alguna dosis de bobería o inocencia. De esas conductas las más frecuentes se daban en los centros internos de la década del 70 en las escuelas en el campo ( ESBEC—IPUEC ). En la enseñanza primaria en escuela de población rural, en aula de 6to grado, en edades próximas a la del maestro y predominio de alumnas, entre 12-15 años y algunos con retraso escolar por edad, lograr el control resultó una valiosa experiencia. Además de las actividades docentes, la atención al huerto, tareas pioneriles etc, la contribución a la presencia personal, y la disciplina consciente propició logros y reconocimiento en la comunidad. Las niñas se esforzaban por lucir más bonitas, estudiosas y disciplinadas, influyendo directamente en los varones, más intranquilos. En las restantes enseñanzas las características son otras, al respecto recuerdo a mi abuelo cuando me decía: “ según sea el perro, se le da el turronazo”. En espacios metodológicos con frecuencia exponía la experiencia. No hay secretos, lo determina el tono de voz, el enfoque del contenido y la impresionabilidad como recurso. No es pedir atención, es lograr ser creíble, seguridad en el planteamiento (control),firme ejercicio de control de la evaluación sistemática diferenciada, comprobación de conocimiento oportuna desde que se imagine que alguien esta despistado, madrugar la intención. Pregunta directa, y si es inevitable detenga la clase, deje que converse, de seguro le reclaman que continúe, ahí es donde se procede a explicar que cuando alguien habla se guarda silencio para escuchar y de solicita compartir el tema. Eso no falla. Continuar con el tono de voz mesurado, muestre control emocional busque el nivel mínimo de escucha para quienes gustan de ocupar las sillas del fondo del aula que generalmente eligen los menos interesados. Pocos ademanes, no dirija la atención a determinados que pueden sospechar usted los está observando, evite mostrar interés por algunos determinados, logre que todos aspiren a recibir el reconocimiento suyo o el elogio. El sedativo de la impresionabilidad que comúnmente llamanos seguridad, surge como hemos tenido la oportunidad de apreciar del autocontrol. La vida social nos ofrece en repetidas ocasiones poder cultivar las diversas modalidades de la firmeza. La persona que logra ejercer sobre si una persistente vigilancia, no tarda en apreciar lo que repercute en su influencia. Logra mantener la impasibilidad elocuente del semblante, la tranquilidad de la mirada y el efecto reflexivo de lo que trata, expone, comenta. Es conocido que la impasibilidad exterior crea y propicia serenidad psíquica. Además la actitud libre de impulsividad o de negligencia, diríamos, no puede por menos de influir favorablemente en las personas que nos rodean. Si desea sentirse seguro de sí mismo ante cualquier circunstancia debe empezar por manifestarse irreprensible en su conducta, mantener la serenidad y observar las reglas de una creíble cortesía, aún en aquellas circunstancias en que alguien actuara o hablara de forma que pudiera mostrar un lenguaje tóxico. No debe tolerar qué extravíos ajenos cambien en lo más mínimo la mesura de sus palabras. La serenidad constante, mostrarse irreprochable y expresarse de modo ponderado y expresar tu opinión, cuando haya lugar con objetividad suficiente para encauzar el parecer de quienes no la compartan te proporciona una libertad y firmeza cada vez mayores, ganarás aprecio y cierta consideración, hasta de quienes no coinciden. La urbanidad y la lealtad de tus maneras producen en todos grata impresión. 

Razones que demuestran que se puede lograr, no pedir de favor “que te atiendan “, así es el Punto de Vista.

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