Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

lunes, 24 de junio de 2024

El derecho al delirio.

 

Punto de Vista. El tema de hoy. El derecho al delirio.

 




Les propongo  acercarnos a algunos de los versos del poema ‘’El derecho al delirio’’ del reconocido escritor y poeta uruguayo Eduardo Galiano a propósito de la llegada del nuevo siglo que avanza con bastantes  tropiezos.

Ya está naciendo el nuevo milenio.  En una ocasión así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será.  Aunque  no podemos adivinar el tiempo que  será, si tenemos el derecho a imaginar el tiempo que queremos que sea.  Qué tal si empezamos  a ejercer  el jamás  proclamado derecho a soñar.  Qué tal si deliramos un ratito.   Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible.  El aire estará limpio de todo veneno  que no venga de los miedos humanos y de las humanas  pasiones.  En las calles los automóviles serán aplastados  por los perros.  La gente no será manejada por el automóvil,  ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor.  El televisor  dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha  o el lavarropas.  La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.  Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o ganar, en vez de vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta, y como juega el niño sin saber que juega. En ningún país irán presos los muchachos que se niegan a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplir.  Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.  Los cocineros no creerán que a las langostas les encantan que las hiervan vivas.  Los historiadores no creerán que a los países les encanta  ser invadidos.  Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.  La solemnidad se dejará de creer  que es una virtud, y nadie tomará en serio  a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.  La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción, ni por fortuna  se convertirá el canalla en virtuoso caballero.  Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo  en lugar de hacer  lo que más le conviene.  La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.  Nadie  morirá de hambre porque nadie morirá de ndigestión.  La justicia y la libertad hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse  bien pegaditas, espaldas  con espaldas.  La iglesia también dictará otro mandamiento  que se le había olvidado a Dios ‘’ Amarás a la naturaleza de la que formas parte’’.  Serán reforestados  los desiertos del mundo  y lo desiertos del alma.  Los desesperados serán esperados  y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperan  de tanto esperar y los perdidos de tanto buscar.  Seremos compatriotas y contemporáneos  de todos los que tengan voluntad  de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido  sin que importen ni un poquito  las fronteras del mapa o del tiempo.  La perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.  Pero en este mundo chambón y jodido  cada noche será vivida  como si fuera la última, y cada día como si fuera el primero.

Ahí está la esencia del delirio,  paradojas  de la vida cotidiana.     

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