Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

lunes, 13 de septiembre de 2021

Más cosas estinguidas con el desarrollo en Paredes.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy.

Regresamos al poblado espirituano de Paredes, de ahí dos comentarios. Uno, extinción del charco de las “pomarrosas” y el arroyo de los Díaz y el otro sobre la escuela pública del poblado. En el trayecto del entronque de Guasimal hasta Paredes hay 2 km, y el arroyo de los Días, conocido así por pasar por la finca con un puente y serpenteando junto al terraplén hasta próximo al cementerio de la localidad. Una corriente de agua cristalina y en volumen que en épocas de primavera sobrepasaba el puente y normalmente a mitad de camino un charco que se utilizó como abrevadero de animales y una gran poceta profunda rodeada de frondosos árboles de pomarrosas que daban nombre a la piscina natural, ahí estaba un antecedente del conocido “campismo popular”, les digo: decenas de adolescentes y otros no tanto acudían en las tardes en grupos para disfrutar las bondades del arroyo en especial de la poceta, desde los gajos de los árboles se lanzaban al agua, todo bien hasta que aparecía Completo, el perro mocho del dueño de la finca en el área y los presentes, como se decía; árbol que tú conoces, porque el animal era una fiera. A principios de la década del 60 cambió el uso de la tierra y en la granja se cultiva caña, se talan los árboles, la lluvia arrastra tierras y restos del cultivo, se construye un llamado “centro de acopio “ para el proceso de la caña con el moderno corte mecánico...años después averiguó por el charco de las pomarrosas y hasta paredeños había que no sabían dónde estuvo y por el puente en lo que fue el cauce del cristalino arroyo, solo piedras y malezas, ya nadie se acuerda de la finca y los animales de la comarca ahora beben agua de pozos. Ahí la muestra del efecto del medio ambiente.

La escuela pública de Paredes, llevaba un digno nombre, “Ramón Leocadio Bonachea” según un rótulo en madera que lo hacía constar. El nivel máximo de 6to grado, pero los alumnos no conocíamos sobre el nombre del mártir, los maestros no lo sabían, años después al estudiar la historia de Cuba, supe de su importancia y más tarde, ya como estudiante universitario de la carrera de Lic. En Historia y Ciencias Sociales, en la zona conocida como Hornos de cal, en Jarao junto a un camino vecinal que une a Paredes con Sancti Spíritus, un humilde y entonces descuidado obelisco recordaba la grandeza de el general mambí que secundó la proeza del General Antonio Maceo en la protesta de Baragua, protagonizando la conocida protesta de Jarao, con un puñado de seguidores que no abandonaron la lucha. En la actualidad no sé si la huella de la historia está presente ahí o en las páginas de los textos.

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