Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

domingo, 29 de agosto de 2021

El cuento de hoy: Hoy conocerá a Chancleta.

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El cuento de hoy.

Transcurrían los años 60, del pasado siglo, y por las zonas rurales del territorio espirituano un esotérico personaje acompañado de la mula Violeta, un carretón y en él variedad de tarecos, prendas de vestir esperando por lavarse y el instrumento básico de trabajo, un atril con una piedra de amolar tijeras y la imprescindible filarmónica en los labios anunciando su presencia. Su nombre de pila nadie lo conocía, para todos se trataba de “Chancleta”.

Descuidado en el vestir y en el aseo personal, pero sin dudas muy correcto para expresarse, galante con las mujeres y denotaba una buena educación.

Intentaba que de la vieja filarmónica salieran las notas de la famosa canción espirituana “Pensamiento”, del compositor Teofilito, contemporáneo con él. Tenía “Chancleta” el control estricto del horario de almuerzo de toda la sitiería, se las arreglaba para llegar a cada casa a la hora en punto que ponían la mesa. So pretextos de amolar cualquier instrumento, sonaba la melodía, ofrecía un cariñoso saludo, ponía a Violeta a pastar, y : -A buena hora, la familia está reunida y llego de casualidad.

Como es costumbre en los campos, todo forastero que llegue en horario de almuerzo o comidas, recibe la invitación del dueño de la casa. — Señor a buena hora, desmóntese si desea almorzar!.

—Bueno, en realidad no me gusta despreciar a las personas, así que ya puse la mula a comer y enseguida estoy con ustedes. Según decía “Chancleta” era un hombre de buen comer, le gustaba todo, pero la harina con tasajo y boniato era su plato preferido, y a la vez muy fácil de encontrar en las casas de las sitierías donde es común que participe del almuerzo un grupo de partidarios. Uno de esos tantos y frecuentes momentos donde resultaba “invitado”, precisamente servían lo que más le gustaba y arrima su taburete frente a la fuente de un buen tasajo sazonado como para chuparse los dedos, alrededor de la amplia mesa 8 o 10 de los partidarios prestos a servirse, observando al recién llegado, comprueban que el gusto de “Chancleta” es grande por el tasajo y: el hombre a su derecha al verlo con la fuente en la mano, lo toca al hombro con fuerza y le dice al oído,— amigo, a todos nos gusta—, a lo que responde yo se que sí, pero como a “Chancleta” a nadie!.

De estas estampas conoció el autor en los años de maestro en zonas rurales.

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