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Finca de campo (tomada de internet) |
Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El tema de hoy. “El potrero de don Pío”.
Así es, como reflejé en el tema anterior, las
enseñanzas y experiencias en la adolescencia temprana, no sé realmente si está
reconocida así en la psicología, pero si en mi desarrollo, es una fuente de
inspiración para compartir con los seguidores de esta página el poder haber
compartido unos años con quien he catalogado como un filósofo y sabio práctico
y de igual forma me referí como fuente de mi vocación por esa rama de las Ciencias
Sociales. No digo como es usual la frase “de mi padre lo aprendí”, (sin dejar
de expresar que de ahí también conservo buenos ejemplos y útiles enseñanzas)
Entonces de mi abuelo aprendí la frase: “el potrero de don Pío”, aún sin
conocer el origen de ella. En otra de las historias he comentado sobre la finca
que tenía y la dedicación a compartir sus experiencias al respecto y por qué
no, a trasmitirme sus conocimientos para garantizar la continuidad, digo del
manejo de la propiedad. No pretendo describir las características del terreno
pero si los conceptos para su conservación y producción. Todo depende de cómo
tú la atiendas o desatiendas, garantizar sus límites y linderos de manera que
sepas los derechos que te asisten. Hay que evitar que intrusos se aprovechen de
tu trabajo, si no logras determinar el control del acceso (no quiere decir
custodio) podrán entrar animales de la comarca y destrozar los cultivos, debes
exigir—me decía— por seleccionar bien las semillas que pretendes sembrar,
garantizar el fertilizante y la limpia y cultivo oportunos. Esperar el ciclo
productivo y dejar que el fruto si es necesario madure. Cuidarás de que las
malas yerbas no prosperen, mantener la finca chapeada y después que la suerte
te ayude, —seguro que la hará—, para que no sea el potrero de don Pío, afirmaba.
No tendrás que echar la culpa a otros si los resultados no son buenos.
Un poco
después, en la escuela leí una frase martiana, muy frecuente en los últimos
tiempos en muchos lugares, aún donde no hay agricultura que dice: “Si el hombre
sirve, la tierra sirve”, una irrebatible verdad, mucho servía mi abuelo,
aquella finca, no tan grande y en tierras no tan buenas, sin ríos o presas y en
algunos lugares sabanas, producían frutos de primera calidad y unos animales
robustos. Recuerdo en unas de esas conversaciones en la modesta y limpia casa,
de guano y tablas de palma, pero pintada y con un piso de tierra blanco y
pulido que la esposa del encargado atendía, explicaba; No se puede olvidar que
hay un momento adecuado para sembrar, por ejemplo:..Siembra maíz en abril y
acuéstate a dormir. Septiembre el mes de las calabazas, los frijoles sembrar a
mediados o final de agosto. Un tiempo para esperar que madure el grano y un
tiempo para cosechar. Permite que la naturaleza juegue su papel y siga su
curso. Todo tiene su tiempo!... Actualmente la finca solo existe en mis
recuerdos, la traigo ahora mismo a la menoría. La tierra?. Está en el mismo
lugar, ahora ni el sol recibe al encontrarse bajo un inmenso manto verde del
llamado marabú o aroma que la cubre hace muy poco traté de buscar un referente
de algo de lo que fue el centro de la primera escuela que tuve con ese maestro
que nunca supe el nivel cultural que había alcanzado pero con una magistral
pedagogía para enseñar. ! Este crónica la dedico a mi hijo Rosbel en su
cumpleaños, porque siempre ha estado comentando sobre la finca de su bisabuelo
que no pudo heredar.
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Finca de Don Pio, foto de Marabu, en Cuba. |