Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Quién le pone la multa?

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. De la serie Cuentos variados. Hace unos años, en todas las ciudades del país, se produjo un movimiento urbano que condujo a la creación de los llamados Boulevard. Hasta en los poblados, hace unos días se publicó uno en Paredes, de menos de una cuadra, dos bancos y dos postes con faroles. En fin, esos lugares entre sus características se encuentran, las fachadas pintadas, cestos para el depósito de desechos y fuente de búsqueda para los que recolectan las laticas de refrescos y cervezas. El cuento de hoy, se trata de un hecho real en uno de las calles transformadas, la pregunta que me hacía: quién multa al inspector?.Un señor, de recorrer varias cuadras con el fuerte sol de verano, parece sentirse cansado, se encuentra bajo el alero de una de las construcciones coloniales del lugar, recostó la espalda sobre un muro, flexiona la pierna derecha, retira las gafas oscuras, toma el pañuelo seca el sudor, deposita la jaba en el piso y apoya el pie en la pared. Muy cerca un cartel indica:”No poner los pies “. En eso llega el hombre con el portafolio bajo el brazo, un talonario y un bolígrafo. — Oiga usted no sabe leer?, No se ha fijado lo que dice ahí? El hombre quedó enmudecido, miró hacia el letrero. —lo siento, vengo tan cansado, desde el paradero de ferrocarril, con esta jaba, porque no sé si usted ha leído que no hay guaguas.

—Ni se dio cuenta, no se dio cuenta, así dice todo el mundo, vengo cansado de no sé dónde. Mire cómo está el muro, y acabado de pintar, es un asco. El hombre con mucha vergüenza y tartamudeo intenta disculparse y el inspector le ofrece un discurso urbanístico y: por favor, deme su carnet, diga lo que diga le pongo la multa, así lo hizo y le extendió el talón con el pago de 50 pesos, pa´ la próxima alquile un coche. De nuevo jaba en manos, y gafas para el sol camino hasta la terminal municipal, rumbo a Cabaiguán. El inspector satisfecho del discurso y de la multa para cumplir el plan, reconoce su buen trabajo, se premia con una sonrisa, suspira y después de una mañana agotadora velando los transeúntes, también se sentía cansado, recuesta la espalda contra el muro. Flexiona la pierna derecha y apoya la planta del pie en la pared. En la acera del frente el policía urbano, divisa al hombre que ha puesto el portafolio en el muro y descansa. Compañero por favor, permítame su carnet, está violando las disposiciones urbanas, le pondré 100 pesos de multa!

En lugar de entregar su carnet de identidad, extrae del portafolio otro, y: “lo siento policía, yo soy inspectorrrrrrrr... !

martes, 21 de septiembre de 2021

La Rifa,

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy, de la serie Cuentos variados. 

Le ofrezco una versión de un cuento original del libro de mi autoría “Manuel y Musiño “. Andanzas por el veguerío. Fabulaciones y Refranes. El que puede obtener en la plataforma de Amazon. La Rifa. Por los años 50, fundamentalmente en los campos, se hacía frecuente la práctica de “la rifa”, vinculada a la bolita, se dedicaba un objeto, un animal una prenda y a vender papeletas. Bajo esa circunstancia Ñica una señora de un caserío campesino disponía de una potranca del esposo y al fallecer quedó a su disposición. Con ellos vivía la niña, toda una mujer a pesar de contar con pocos años, trigueña hermosa con una larga cabellera que en ocasiones trenzaba y el cuerpo como decían los vecinos que parecía hecha como las estatuas, todo un modelo y la vista de los jóvenes de la comarca y los poblados cercanos.

Con limitaciones económicas, la madre se percata de que la rifa del animal permitiría hacerse de algunos pesitos.

 —Niña—, prepara 100 papeletas, y vamos a salir por el batey y el poblado para rifar la potranquita, yo busco la soga y mañana al amanecer salimos, tú la llevas de riendas y yo cobro, seguro terminamos temprano y así llegamos al pueblo y te compras algunas cositas. Al salir el sol y con el propósito de no coger tanto calor, ya la madre y la joven emprenden la tarea. La muchacha conducía la potranquita y algunos de los hombres con quien se cruzaban usaban jaranas en relación con la niña, algo así en ocasiones como “la bella y la bestia”, o señora si la que se rifa fuera la niña, no tendría que haber salido de la casa. Agradecían los comentarios y proponían las papeletas. —mire señor por tres pesos se puede hacer de una buena bestia-, amigo, se rifa... y así camina y camina y las miradas se fijan más en la muchacha que en el animal. En el camino rumbo al poblado, Abundio, el conocido isleño vuelve de regreso de la Habana, ha bajado del tren, se dirige a la casa maletín en mano y desconocido por los vecinos, en los días por la capital se ha convertido en habanero y jaranero. —muchacho, casi no te conozco con ese vestuario, de dónde vienes?. —de la Habana, respondió—. ¿Y ustedes van pal’ pueblo?. ¿De paseo verdad? ¿Llevan la potranca a herrar o a venderse?. Ni lo uno ni lo otro. Se está rifando. Abundio mira de reojo a la muchacha, viene hecho un poblano.



Señora, a quién rifa?, — A quien va a ser, a la potranquita. Ahhh, no , si fuera la Niña le compraba todas las papeletas y ya.—.

La joven se hace la desentendida y la madre:

-Pícaro entonces usted quiere sacársela…! Abundio replica: sacársela dice usted!...un hasta luego y sigue su camino.

Manuel y Musiño en Amazon

Amiga o amigo, si usted es seguidor en mi página, de los cuentos y temas que publico y prefiere los de sano humor o fábulas de diferentes asuntos, hoy les sugiero adquirir o ver en digital el libro de referencia en el cuento de hoy, estoy seguro le será de gran placer, y pedirlo en la plataforma de Amazon, no se pierda la oportunidad, usted podrá ser protagonista de cada narración. De igual forma si tienes un hijo pequeño, nieto o amigo a quien deseas hacer un bonito y educativo regalo, te sugiero el libro de Cuentos para niños, de mi autoría y la colaboración de una de mis nietas que reside en Cooper City.(Florida). La relación con ocurrentes mascotas. El libro se titula: “Bajo la mirada del Búho “, gracias a todos. Seguimos en profesorjfco.blogspot.com

 

lunes, 20 de septiembre de 2021

Benvenido Campesino, siéntase como en su casa.!

 Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. Los días previos al 26 de julio de 1959, fueron de preparación para realizar la primera concentración nacional por las efemérides. Miles y miles de campesinos-milicianos se encontrarán en la capital, donde una caravana de jinetes a caballo desfilarán en el multitudinario encuentro. Desde Cabaiguán como de todo el país y por diferentes medios serán recibidos por los habaneros quienes ante el llamado de los principales líderes bajo la consigna de alojar un hermano del campo, llevarán hasta el hogar un campesino-miliciano al que por hospitalidad atenderá hasta después del acto y regresen a sus territorios.

26 de julio en La Habana de 1959

Bajo esas circunstancias, como los miles restantes, Abundio un campesino isleño que no tenía ni idea de la capital es recibido en el hogar de un matrimonio formado por un señor jubilado y la esposa empleada en un comercio, mucho más joven, me contaba Abundio que parecía su hija. Al dar la bienvenida al campesino-miliciano, que vestía camisa de mezclilla y pantalón olivo del uniforme, sombrero de yarey al estilo mambí y por supuesto el machete collin en vaina de cuero al cinto. —Debe estar cansado, de un viaje tan lejos y sin comodidad—así mismo, ese tren de Cabaiguán aquí desde ayer de mañana y toda la noche sin pegar un ojo y sin comer.

—No se ocupe, dice la mujer, ahora llega a la casa, se baña, come algo y a descansar, se pone la ropa de dormir de Paco y le lavo el uniforme, siéntase como en su casa. Verá que lo pasa bien y mañana temprano a la Plaza. En poco rato ya en plena confianza, se habla de la tierra de los “verracos”, del tabaco y lo buena de las tierras por allá, se averigua por un pariente de Paco en Sancti Spíritus y de la familia de la Sra de Oriente que llegaron los primeros días del año con un tío combatiente del Ejército Rebelde que vino en la Caravana de la libertad y se pusieron dichosos de coger una buena casa en el Vedado de unas personas que abandonaron el país, en la calle 23, a pocas cuadras del que se llama ahora “Habana Libre”. Ahí se conocieron ella y Paco, empleado de un banco, y un poquito de más edad.

 Para Abundio el primer día en la Habana fue de maravilla. A decir verdad asustado por el cambio de monte adentro a la capital.—oigan qué clase de presa esa que vi ayer cuando llegué—. ( se refería al malecón). Se veía extraño con esa ropa de dormir. Al amanecer, el campesino—miliciano con el uniforme planchado y perfumado .Al regreso del acto, contando que hasta se subió en un poste para ver a los líderes de la Revolución. De nuevo el baño, la comida y el descanso y en la noche al cine. Al día siguiente “andar la Habana”, al otro día a coger la Estrella de Guanabo, y Abundio en la Playa. Así un día tras otro hasta el séptimo día. Se le había olvidado que al día siguiente del acto, saldría el tren para las provincias orientales y tenía que regresar a Cabaiguán, se sentía tan bien en Casa de Paco y Mima que ni de la familia se acordaba. Por acá por Cabaiguán la familia averigua con los demás campesinos por Abundio, preguntan a los organizadores de los milicianos y nadie lo había visto. Mientras en la casa del matrimonio de Paco y Mima se realizaba el almuerzo de despedida, las invitaciones recíprocas y el intercambio de regalos, Mima recibe el sombrero mambí, Paco el uniforme de miliciano con el par de botas incluido. A la vez Abundio se hacía dueño de la ropa de dormir, del short que uso en Guanabo y la camisa a cuadros y el pantalón de gabardina azul, usado por Paco en el banco, Mima le regaló una gorra roja fosforescente, Paco le ofrece 20 pesos para el viaje. La pareja insiste en acompañar hasta la terminal de ferrocarril pero la mujer debe ir al trabajo. Paco le indica que en el Hotel hay una parada de guaguas y una de ellas lo deja en el tren. Abundio en una semana se creía que conocía la Habana, nunca salió solo. Ya en la parada, diferentes rutas o destinos, el hombre no sabía leer. Se detiene un ómnibus, Abundio lo aborda— Cuánto es?.— 20 centavos. No yo digo hasta Cabaiguán. —si 20 centavos igual— responde el conductor. Observa con interés el recorrido y se fija en cada detalle cuando los viajeros dejan la guagua. La ruta toma el malecón dobla y se incorpora a la derecha, El conductor anunció la parada: San Lázaro, y frente a la iglesia se baja un padre cura. Continúa el rumbo por Belascoain, al llegar a Carlos III, valla Carlos III rayitas, tres hombres descienden y Abundio que viaja en el asiento atrás del chofer se da cuenta y piensa, este hombre conoce a todo el mundo y sabe para donde van. El giro a la izquierda y frente a la parada de la iglesia dice: Reina y una hermosa muchacha baja del ómnibus. Entonces se da cuenta de que a él no lo conocen, se pone de pie toca al chofer por el hombro y le dice: amigo, mi nombre es Abundio el isleño de Cabaiguán. —y qué me dice con eso?.—. Na, pa que me llame cuando me toque bajarme!... Al final del recorrido, justo en la acera frente a la terminal de ferrocarril. — caballero, hasta aquí, todos a bajarse. Abundio tomó el maletín que le habían regalado, mira por las rejas y ahí varios coches de un tren. Cruza el andén, ve un coche con la puerta abierta, sube y se acomoda en un asiento. La ferromoza en recorrido de rutina previo a la salida del tren, se le acercó; —mire compañera si cuando el tren llegue a Cabaiguán, “el pueblo de los verracos, estoy dormido me llama “.— no se preocupe, eso no va a pasar, ahora llamo al policía y el se encarga de que no se duerma.

Más explicaciones, mas enredos, el creía que por haber estado en el acto del 26, podía irse en cualquier tren.

En la ilustración vestido de miliciano y sombrero cuando llegó a la Habana el dia antes de la celebración del 26 de julio y cuando regresó a Cabaiguán una semana después.


Así me lo contó tiempo después, cuando de maestro este autor comentaba sobre sus estudios en la Habana después de la alfabetización. Y Abundio le hacía saber de esas peripecias. Al final comentó, no supe si Mima quedó preñada y tendré un hijo o una hija en la Habana.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Quién recuerda la Provisional 70'?

Punto de Vista. Reconocer no es conformarse. El Cuento de hoy. Serie Cuentos variados. Allá por los años 70 se produce en el país una explosión de estudiantes de secundaria básica, que demanda la construcción de centenares de ESBEC,(escuelas secundarias básicas en el campo), tantos los alumnos que para el 75–76 fue necesario construir decenas de instalaciones de ese nivel que recibieron el nombre de Provisionales, y se identificaron por números. Así en este territorio fueron varias, que daban cobertura a centenares de muchachos de zonas rurales. Por supuesto creció la demanda de profesores y directivos. De una de estas instalaciones surge el cuento de hoy. Que más que ello es una anécdota que el autor por razones de trabajo conoció, y el protagonista una persona trabajadora, de campo y con experiencia en el trabajo con la educación de adultos.

Provisional 70, Tres Palmas, Cabaiguán


Por necesidades del organismo es designado director de una de las provisionales, pronto alcanzó un nivel reconocido en la actividad productiva, organización y sobretodo en la esfera cultural. Ante la anunciada visita de inspección del Organismo Central, la referida instalación fue seleccionada para representar la entonces región espirituana. Uno de los objetivos del control estaba dirigido al cumplimiento de la Indicación Décima del Ministro de Educación,( que establecía que los directivos de los centros educacionales debían impartir docencia en al menos un grupo), no siempre cumplida por las Mil y una razones a la que se enfrentaban los directores de esos centros. Las que no pretendo señalar.

Los alumnos de tal centro, de campo todos en la zona rural de Fomento, la escuela se encontraba en el territorio de Tres Palmas, municipio de Cabaiguán.

Al fin la esperada visita, como es habitual, los factores presentes. El saludo y presentación. De inmediato planteados los objetivos y: Bueno director, cómo anda la Décima por aquí?. Rápido con la respuesta y su argumentación.

— Eso es lo que mejor anda aquí, pregunte al director municipal, todos los alumnos son del campo, usted sabe que en las zonas campesinas hay tradición de cantar puntos cubanos y aquí en Sancti Spíritus tonadas yayaberas... hay que controlar eso porque en el matutino y el vespertino todos quieren improvisar muchos son poetas y cada día se cantan 10 o 15 décimas...Los presentes sumidos en un silencio absoluto, el funcionario de momento no pudo hablar. —Mire compañero si va a estar aquí más tiempo lo podrá comprobar en la formación de la 1, ya están preparados para cantarle...!

Una invitación a visitar los albergues, a intercambiar con los docentes y no se volvió a tocar el tema de la Décima. En las conclusiones el reconocimiento al centro por el orden en general, por el trabajo cultural y la indicación correspondiente para priorizar el trabajo docente y tener presente al compañero para cuando se abriera una escuela para cantores en la región.

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