No es lo
mismo aunque se pronuncie igual.
Así decía
Pascual por los últimos años de la
década del 50 del pasado siglo, por uno de los barrios espirituanos empujando
un carrito para venderlo helados en los
conocidos barquillitos que imitaban
barquitos de pescar. Si es espíritus y
un niño por esos años se recordará se
encontraban por todos los repartos.
Pascual, hombre emprendedor de procedencia
canaria después de haber trabajado en diferentes oficios contrae matrimonio con
una joven mulata, conocía a otros paisanos
que habían prosperado en
diferentes negocios y decidió con los ahorros probar suerte y montó una
pequeña fábrica artesanal para producir
helados y adquirió un carrito para
venderlo de forma ambulatoria. —ahora verás mujer como levantamos cabeza con
ese asunto, en la noche preparando el producto y en el día para la calle por todos los
repartos y hasta el parque de los caballitos. —Así lo haremos mi amor. Con
los primeros tambuchos con el helado de chocolate, fresa, vainilla y naranja
piña, (el que prefería) para la calle. El carrito pintado de blanco combinado
con rojo, el rótulo que decía: El helado
sabroso y la correspondiente campanita para identificar el producto. En el día de estreno Pascual sale a correr
suerte, camina y camina con la barquillita a 5 centavos, comienza por el kilo
12, de ahí a la Ranfla, sigue camino al reparto Escribano, carretera central
hasta los caballitos. Empujando el
objeto rodante, agotado llega a la casa donde espera Mariaven, tira el sombrero a la mesa, se deja caer
cansado, pide un vasito de agua y un buchito de café, retira de la cintura la
cartuchera para el dinero, que va!. . es el primer día pero no fue bueno. Pascua. . . cuando te des a conocer ya verás. Mira mañana voy a salir yo quizás tenga más
suerte, hay que poner melodía, hacer
como los pregoneros, anunciando como
checo el del maní tostado garapiñado. Voy a decir, — valla, pruebe mi sabor de chocolate si prueba una
barquilla se come diez o sino si pruebas mis sabores…! No te arrepentirás y mañana querrás más. Bien
temprano carrito en manos, el tilín de la campanita se deja escuchar a
repetición, transcurre el día y Pascual
preocupado por Mariaven, tenía la
experiencia del día anterior empujando el pesado carrito, —que va ! Con el día de ayer, lo sabré yo…?
En horas de la tarde la campanita anuncia el regreso de la barquillera. Pascual la recibe, ayuda al parque o el saludo cariñoso. No se ve muy cansada pone la cartera en la
mesa, se ve abultada Pascual complacido pregunta, cómo te fue? Te cansó mucho
empujar el carrito?. Te moviste mucho?. Al ver la cantidad de dinero en la
bolsa. . . Pero hiciste todo eso “de
helado. -Bueno sí, “de lado”
y diferentes maneras. . . Apretaste
mujer si las vasijas vienen casi llenas.
Entonces como reconocer no es
conformarse, Pascual repetía, no dice lo
mismo pero suena igual.