Lecturas para el alma, la meditación y la risa

Lecturas para el alma, la meditación y la risa
Por: José Francisco Martínez Ortiz

lunes, 30 de octubre de 2023

Todos debemos merecernos cosas.

 

Punto de Vista. El tema de hoy. Todos debemos merecernos  cosas.

Imágen tomada de internet.


Cuántas veces vemos personas  que logran  éxitos  y avanzan  hacia el horizonte con buenos resultados,  y pensamos o comentamos   que se lo merecen por lo  duro que han trabajado y por el esfuerzo que han hecho y hacen.

Con nosotros mismos somos más exigentes  y pensamos  que no tenemos derecho  o no merecemos alcanzar   un mejor lugar  y como los demás disfrutar  de los beneficios  del trabajo y del esfuerzo.  Por qué  a veces nos subestimamos?.

Lo primero  es sentirnos merecedor, demostrar que podemos tener éxitos y somos capaces  como el que más.  No te preocupes por el qué dirán,  por las opiniones de los demás, si es necesario como he comentado anteriormente, no temas pedir ayuda  para  un propósito y no dejes  que las dificultades te venzan.

Merecemos lo que tenemos  pero no siempre  tenemos  lo que merecemos. Lo que debemos hacer es prestar atención  a  lo que nos corresponde, es decir  la función  a  la  que nos dedicamos,  y  hacerla cada vez mejor,  perfeccionar  nuestro trabajo  y hacernos merecedor  del respeto  de todos  y  cada una de las personas   a nuestro alrededor.

Cuando  veamos  la realización  de lo  propuesto  podrás sentir  el placer  de comprobar  tu capacidad, y  de esa forma  la admiración  de los demás por tus resultados, no es más  que lograr  lo que merecemos.  Al  final  lo más importante es  quedar bien y cumplir  contigo.

Como casi  siempre digo, en la vida cotidiana, en el día  a día  para  recibir  reconocimientos por el esfuerzo realizado  debes  mostrar responsabilidad y seguridad   como medio  de presentación.

No olvidemos, tenemos  dones o facilidades  o conocimientos  que nos distinguen y las virtudes  carta de presentación.  Entonces  es verdad  que  nos merecemos  las cosas que  queremos.

miércoles, 25 de octubre de 2023

No temer en pedir ayuda.

Punto de Vista. El tema de hoy. No temer en pedir ayuda.

 

Imagen de internet.

Cuando nos enfrentamos  a algún  fracaso, sobre todo en  el  plano material,  no debemos hacer de ello  un gran problema,  por cuanto  como decimos  con frecuencia en la vida cotidiana, no todo fluye favorablemente y lo más seguro es  ver  que la falta de estabilidad, nos hace que algunas  veces estemos arriba y otras  abajo.

Debemos tener en cuenta que podemos pedir ayuda o también  ofrecer a las gentes que se quiere, que está contigo en el día  a día, además de pensar en positivo en los momentos no tan buenos. No faltará un  momento en que la duda nos asalte pensando  que estamos solos y nadie acude a nuestros  reclamos.

Esto es normal,  no todos estamos dispuestos a abrirnos a las necesidades del otro y cuesta encontrarnos nosotros mismos.  Enfrentar  la adversidad y los obstáculos  se impone, lo reitero con frecuencia,  de nuestra voluntad y perseverancia depende  avanzar.

Un miedo  que se nos renueva  en la actualidad y del que es difícil  escapar  es volver a los mismos  errores y tropezar de nuevo con la misma piedra. Entonces  perdemos el optimismo, pero al fin en cualquiera de los  casos la idea es,  no temer en pedir ayuda, de eso se trata, siempre habrá alguien dispuesto  a dar la mano, así como nos corresponde  hacer lo mismo.

No podemos olvidar que estamos expuestos  a ser víctima del estrés, de la angustia, la ansiedad,  la  idea del fracaso,  de la falta  de recursos, o no disponer  del dinero necesario para cubrir  las necesidades y algo más  y entonces   no es pedir y pedir, será como dice  uno de los refranes  no tan llevados  y  traídos,  que  aprendí  desde  muy joven, ‘’A    Dios  rogando y con el  mazo  dando, porque  estamos  hablando de  no temer  en pedir ayuda.


lunes, 23 de octubre de 2023

Buscar el Vínculo positivo.

 

Punto de Vista. El tema de hoy. Buscar el vínculo positivo.

 

Amistades. Imagen de internet.

Aunque no lo tengamos presente en todo momento, las  personas con quienes nos vinculamos en la vida cotidiana nos aportan  sino directamente  en nuestras gestiones y  resultados, nos pueden trasmitir  energías  negativas o positivas.

Si el vínculo  es con personas  que pasan el tiempo  de quejas y quejas, desganadas y con una visión negativa influirá  en nosotros en tal forma, a esas  las debemos considerar  tóxicas porque entre otras cosas  se prestan para criticar las acciones de los demás.

Por el contrario aquellas que se alegran con tus resultados, tus éxitos aunque no trasciendan  son personas positivas y nos dan seguridad.  Podemos y debemos elegir a quienes  nos vamos  a vincular, a quienes queremos en nuestras relaciones, en nada  que ver  seamos individualistas.

Las buenas relaciones se basan en la empatía y la reciprocidad, que son la base de la confianza y el respeto.  Es hora de plantearnos el asunto, organizar los pensamientos para avanzar en el propósito y en los nuevos proyectos, aunque de momento consideremos no existan condiciones para prosperar. Para crear nuevos vínculos recuerda  el refrán  que dice ‘’ al que a buen árbol se arrima, buena  sombra la cobija’’ y para estar bien con los demás lo primero  es estarlo contigo.

Debes  estar seguro de lograr lo que quieres, y capaz de hacer realidad lo que te propongas.  Si no te quieres les haces más fácil el trabajo a los demás. Piensa que  entre otras cosas estamos prestos  a equivocarnos, cometer errores y si nos sentimos capaces  de llevar adelante un proyecto y disponemos de la  voluntad, entonces buscar el vínculo  de la gente positiva.

Por qué exigirnos más de lo posible, si podemos disponer  de la elección de la mejor compañía y  desechar  lo tóxico hasta en las relaciones interpersonales, está a nuestro alcance  y hoy es una necesidad. Se lo recomiendo.

 

 

lunes, 16 de octubre de 2023

Cuando la humildad se impone

Punto de Vista. El tema de hoy. Cuando la humildad  se impone.

Comentario sobre un hecho real en mi lindo Cabaiguán.

 

Alicate en Cabaiguan. 

Diga señor, en qué puedo servirle. Así responde desde la acera del frente el hombre  de piel de ébano que viste overol azul en condiciones de trabajador  de oficios  que muestran sucios el uniforme, barba rala y chancletas  de las conocidas como sapitos, con la huella del tiempo.

El transeúnte se detiene  junto a una pequeña mesita, cargada de numerosos objetos de trabajo como punzones, trozos  de cera, conos de hilo , pomitos plásticos que fueran de medicamentos y con la huella de pegamento, tenazas y un pequeño banquito rodeado de variedad de zapatos en mal estado, que esperan por la mano de un ‘’artista’’ o fino artesano en la reparación de calzado o como son conocidos, zapatero  remendón.

El estrechón de mano del hombre llegado del frente, en la entrada del edificio en el que se encuentra la madre, y atiende cuando no tiene clientes, porque la anciana sufre según cuenta un infarto  cerebral, y está dejando de comer.

Vamos a ver, cuál es su problema señor. Pide le entregue  el bolso que porta el transeúnte, considerando traiga  ahí  los zapatos a remendar.

No amigo, lo traigo puesto, pasé por el taller de reapación de calzado y entre  justificaciones y pocos deseos de trabajar, me dicen que es un trabajo muy delicado.

Señor esos zapatos que trae son muy buenos, se ve que son de allá, se ven nuevos y de calidad. Esos no se trabajan en estos lugares. Quíteselos  y siéntese en el murito, disculpe no pueda ofrecerle donde sentarse.

Ok gracias no se preocupe, espero por usted. Al estar más cerca  del humilde zapatero, parece  conocido, pero  con más de cincuenta  años y el rigor de la vida  parece mayor.

Toma  en la mano el zapato que necesita la mano de un artista para cerrar una pequeña ranura  que amenaza  en la falsa costura, y debe ser tan fina que no afecte la presencia del calzado, en verdad podía no ser necesaria la intervención. De nuevo insiste  sobre la calidad del calzado, reitera que es de allá. Se aprecia el interés  por el trabajo, con manos de artesano y voluntad sin límite  emprende la tarea.

Listo señor, mire a ver si le gusta el trabajo.

Imperceptible la pequeña costura, como la de un experimentado cirujano. Gracias mi amigo. Pone la mano en el hombro del humilde zapatero, le extiende un billete, mire, cobre y dígame si es más.

No me debe nada señor, eso no vale nada.

Pero no, ese es su trabajo. Usted vive de eso y más  con los problemas  que tiene  y lo cara que

Le dije que no vale nada, le digo ahora que ya eso está más que pago, soy yo quien tiene la deuda con usted. El transeúnte de momento queda en silencio e insiste  que tome el dinero por  el trabajo realizado.

Nunca olvido cuanto usted  me soportó  en la escuela taller, donde lo contrataron  para que nos  enseñara la historia, lo que lo molesté  junto a otros que eran más malo que yo, toda la paciencia  que tuvo  y con el cariño que nos trataba, ahora  más que agradecido  siento pena  con usted. Gracias  a su interés  me gradué  de obrero calificado, aprendí este oficio y ha sido el sustento de mi familia.

Recordé su nombre.....l  tu  eres  Josué. Se llevó la mano a  los ojos, y me pidió le permitiera un abrazo.Punto de Vista. El tema de hoy. Cuando la humildad  se impone.

Comentario sobre un hecho real en mi lindo Cabaiguán.

 

Diga señor, en qué puedo servirle. Así responde desde la acera del frente el hombre  de piel de ébano que viste overol azul en condiciones de trabajador  de oficios  que muestran sucios el uniforme, barba rala y chancletas  de las conocidas como sapitos, con la huella del tiempo.

El transeúnte se detiene  junto a una pequeña mesita, cargada de numerosos objetos de trabajo como punzones, trozos  de cera, conos de hilo , pomitos plásticos que fueran de medicamentos y con la huella de pegamento, tenazas y un pequeño banquito rodeado de variedad de zapatos en mal estado, que esperan por la mano de un ‘’artista’’ o fino artesano en la reparación de calzado o como son conocidos, zapatero  remendón.

El estrechón de mano del hombre llegado del frente, en la entrada del edificio en el que se encuentra la madre, y atiende cuando no tiene clientes, porque la anciana sufre según cuenta un infarto  cerebral, y está dejando de comer.

Vamos a ver, cuál es su problema señor. Pide le entregue  el bolso que porta el transeúnte, considerando traiga  ahí  los zapatos a remendar.

No amigo, lo traigo puesto, pasé por el taller de reapación de calzado y entre  justificaciones y pocos deseos de trabajar, me dicen que es un trabajo muy delicado.

Señor esos zapatos que trae son muy buenos, se ve que son de allá, se ven nuevos y de calidad. Esos no se trabajan en estos lugares. Quíteselos  y siéntese en el murito, disculpe no pueda ofrecerle donde sentarse.

Ok gracias no se preocupe, espero por usted. Al estar más cerca  del humilde zapatero, parece  conocido, pero  con más de cincuenta  años y el rigor de la vida  parece mayor.

Toma  en la mano el zapato que necesita la mano de un artista para cerrar una pequeña ranura  que amenaza  en la falsa costura, y debe ser tan fina que no afecte la presencia del calzado, en verdad podía no ser necesaria la intervención. De nuevo insiste  sobre la calidad del calzado, reitera que es de allá. Se aprecia el interés  por el trabajo, con manos de artesano y voluntad sin límite  emprende la tarea.

Listo señor, mire a ver si le gusta el trabajo.

Imperceptible la pequeña costura, como la de un experimentado cirujano. Gracias mi amigo. Pone la mano en el hombro del humilde zapatero, le extiende un billete, mire, cobre y dígame si es más.

No me debe nada señor, eso no vale nada.

Pero no, ese es su trabajo. Usted vive de eso y más  con los problemas  que tiene  y lo cara que

Le dije que no vale nada, le digo ahora que ya eso está más que pago, soy yo quien tiene la deuda con usted. El transeúnte de momento queda en silencio e insiste  que tome el dinero por  el trabajo realizado.

Nunca olvido cuanto usted  me soportó  en la escuela taller, donde lo contrataron  para que nos  enseñara la historia, lo que lo molesté  junto a otros que eran más malo que yo, toda la paciencia  que tuvo  y con el cariño que nos trataba, ahora  más que agradecido  siento pena  con usted. Gracias  a su interés  me gradué  de obrero calificado, aprendí este oficio y ha sido el sustento de mi familia.

Recordé su nombre.....l  tu  eres  Josué. Se llevó la mano a  los ojos, y me pidió le permitiera un abrazo. 

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